Archivo mensual: febrero 2012

Godard!: una estatuilla-libro dedicada a la perseverancia y al cine escrito

Imagen

Entre las compilaciones publicadas durante el año 2011 sobre crítica cinematrográfica, el Oscar iría para la fina selección de los mejores artículos publicados en la revista Godard!, a cargo de  los miembros fundadores Claudio Cordero y Sebastián Pimentel; para ser más precisos, por las  veinticuatro críticas, trece ensayos, diez entrevistas y cinco perfiles contenidos en 243 páginas.

Alexiel Vidam, quien dirige el blog Cinematosis crónica, compartió algunas impresiones con nosotros a propósito del libro Godard! Textos escogidos 2001-2011 (Grupo Editorial Mesa Redonda, 2011)

Imagen

Los chicos de la revista “Godard!” han conseguido una voz propia. Cuentan con la vigorosidad de una generación  que se figura como bastante más atrevida, abierta, directa, pero a la vez, interesada por la reflexión y la profundidad a la hora de analizar un filme o la técnica empleada por un director.

En sus textos se siente entre líneas cierto afán de exponerse como personajes, por continuar nadando en un elixir intelectual. Justo como sus maestros, los críticos de la vieja guardia. Pero si hablamos de la antología en conjunto, esta ofrece un balance entre lo académico y lo comercial: no hay reparos en hablar de El Silencio de Lorna, o de una película bastante más comercial como Sweeney Todd, lo cual demuestra una concepción bastante amplia sobre los elementos que hacen de una película, una pieza de buen cine o algo irreproducible.

En ambos casos, eso sí, se nota un esfuerzo de los actores de aportar cierto tono poético a la redacción. En el caso de Sweeney Todd, por ejemplo, se habla de una historia oscura de amor y venganza, que “llega a un final inesperado, todavía más sombrío, en el cual nos detenemos observando, atónitos, la sangre profundamente roja… roja, como las lágrimas del joven Benjamin Barker”. En el artículo sobre “El Silencio de Lorna”, el autor se convierte en una especie de personaje contemplativo de la historia, y aprovecha para presentar sus propios cuestionamientos sobre la misma: “Los Dardenne, cada vez más, procuran otros caminos para decir lo mismo”, dice el autor, y añade: “¿Cómo no decir lo mismo si lo que quieren y tienen que decir no es suficientemente escuchado?”. Concluye: “Un ojo-cuerpo, sobre-encima-muy-cerca de los cuerpos, a velocidad y a la vez, con pesadez física. Ese esfuerzo, seguir a un personaje… Perseguir al otro hasta dar con él.”

Estos diez años se traducen en un libro para aquellos que no discriminan el Cine por su época, complejidad, o por su nivel de ventas, pero que a su vez buscan contemplarlo de manera meticulosa y reflexiva. En definitiva atractivo para quienes ya han descubierto interés e incluso caído en la obsesión por analizar a fondo las películas.

Imagen

Introducción
Hablemos de godard! (Claudio Cordero, Sebastián Pimentel)
I. Críticas
– Marius y Jeanette (José Tsang)
– El señor de los anillos: Las dos torres (Jerónimo Pimentel)
– Pandillas de Nueva York (Jerónimo Pimentel)
– Kill Bill (José Tsang)
– El gran pez (Claudio Cordero)
– Golpes del destino (Jerónimo Pimentel)
– Una historia violenta (Gabriel Meseth)
– Deja vu (José Romero Carrillo)
– Escondido (Gabriel Meseth)
– El espíritu de la pasión (Sebastián Pimentel)
– La maldición de la flor dorada (Jaime Akamine)
– Bourne: el ultimátum (Martín Mauricio)
– Sweeney Todd. El barbero demoníaco de la calle Fleet (Martín Mauricio)
– Luz silenciosa (Diego Cabrera)
– 4 meses, 3 semanas, 2 días (Mario Castro Cobos)
– Luces al atardecer (Leny Fernández)
– La teta asustada (Leny Fernández)
– La felicidad trae suerte (Werner Jungbluth)
– El silencio de Lorna (Mario Castro Cobos)
– Bastardos sin gloria (Mario Castro Cobos)
– Los amantes (Jaime Akamine)
– Paraíso (Diego Cabrera)
– El último camino (Werner Jungbluth)
– Lazos de sangre (José Romero Carrillo)
II. Ensayos
– El enigma de la crítica. El problema de pensar y hacer cine en el Perú (Sebastián Pimentel)
El espejo: preguntas de un rodaje perdido (Sebastián Pimentel)
– A propósito de Ojos que no ven (Claudio Cordero)
– Karel Reisz. Pensar y hacer el cine (César Miranda)
– Wes Anderson. El equipo genial (Claudio Cordero)
Saló. La tiranía de un fetiche (Gabriel Meseth)
– Naomi Kawase. El poder de la intuición (Mario Castro Cobos)
– Nuri Bilge Ceylan. Enigma de nieve, nubes, climas (Mario Castro Cobos)
– Christopher Nolan. La magia debe continuar (Diego Cabrera)
– Paul Newman. La sombría serenidad en el lente (Leny Fernández)
– La arquitectura del caligarismo (Víctor Mejía)
– Armando Robles Godoy. Nuestro clásico más moderno (Sebastián Pimentel)
– La pasión según Wyler (Leny Fernández)
III. Entrevistas
– Nelson Pereira Dos Santos. Un cine con dignidad (Claudio Cordero, Sebastián Pimentel, José Tsang)
– Frederick Wiseman. El escepticismo (Samantha Berger, Malena Martínez)
– Armando Robles Godoy. Detrás de la imagen (Claudio Cordero, Sebastián Pimentel)
– Mercedes Álvarez. Pueblo en vilo (Diego Cabrera)
– Carlos Reygadas. Hacer películas es un acto de felicidad (Claudio Cordero, Gabriel Meseth, Sebastián Pimentel)
– Gerard Malanga. Desde La Fábrica de Warhol hasta César Vallejo (Samantha Berger)
– Jaime Rosales. La imagen tiempo (Gabriel Meseth)
– Lodge Kerrigan. Elogio de la locura (Diego Cabrera, Gabriel Meseth)
– Agnes Varda. La madre de la nouvelle vague (Samantha Berger)
– Patrice Leconte. El amigo francés (Claudio Cordero)
IV. Retratos
– Danny Elfman (Óscar García)
– Howard Shore. Cirujano musical (Óscar García)
– El otro Cassavetes (José Romero Carrillo)
– Un toque de Mason (Leny Fernández)
– Vincent Price. La voz de ultratumba (Juan Carlos Fangacio)
Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Antología, Arte, Ensayo, Entrevista, Iniciativa, Revista

La invención de Brian Selznick y la re-invención de Martin Scorsese

Imagen

La invención de Hugo Cabret (Brian Selznick) / Ediciones SM, 2007 / Páginas: 533 / Precio: 89 soles

ISBN: 9788467520446

Aquí podrás leer los tres primeros capítulos

Imagen

Las páginas como écran

La literatura y el cine son a veces ambas caras de una misma moneda, una buena historia narrada en claves distintas, pero no tan distintas. Si bien una novela puede lucir fílmica por su estructura y desarrollo, una adaptación al cine del mismo texto podría darle cierto brillo y éxito comercial a un buen libro, o eclipsarlo para la posteridad.

Ambos textos –productos–, tienen vida y lectoría propia, es decir, por separado. Cuánta licencia puede tomarse un cineasta para recrear, re interpretar o incluso mejorar aspectos de la novela en su película: las que crea necesarias, sin que ello implique una desfiguración total.

En ése punto entran en escena el tacto, la pericia, cuánto conoce su oficio y qué tan buen lector es un director de leyenda y guionista. Hugo es la última pieza maestra de Martin Scorsese y llega a las carteleras peruanas apenas unas semanas antes de los Premios Oscar de la Academia.  Si es una noche de aquellas, la película podría  ganar once estatuillas, entre ellas el premio a la mejor adaptación.

Magos, máquinas y cineastas:

Del otro lado de la misma moneda, con el sello de Ediciones SM llegó a las librerías de Lima hace apenas unas semanas La invención de Hugo Cabret (Brian Selznick), una novela gráfica que conjuga la estética de una película muda y las trampas de una novela juvenil: un texto intrigante, crudo y fantasioso. Esencia que sedujo a Scorsese e inspiró su última película, pero ésa es otra historia.

Selznick es un reconocido ilustrador norteamericano con una buena mano de virtudes: el don de narrar puntual y ser sugerente, utilizar la imagen y las palabras, es decir, ser ambidiestro para escribir.

La invención de Hugo Cabret es su segunda novela. Está compuesta por dos partes, una veintena de escenas breves, compactas, escritas y dibujadas. Cada una crea página tras página, la ilusión del movimiento: al leer sus dibujos hechos a carboncillo, visualizar los escenarios y las circunstancias que compone entre líneas, se produce aquella gran ilusión del cine y no estamos más ante un objeto inanimado, sino frente a un juguete óptico o un arcano proyector de cine que reproduce a gran velocidad fotogramas y cartelones, los que guardan  un especial cuidado en resaltar rasgos e indumentos clave de los personajes con planos detalle y una fascinación por rescatar el ánima de una ciudad embelesada con las máquinas de la  modernidad, la estación del tren, el tiempo y los relojes, como también una corriente onírica y hasta subversiva en los libros, el cine y la pintura.

La luz inunda la pantalla (o las páginas) y aparece el París de 1930,  donde las máquinas modernas y anuncian un progreso galopante; pero la posguerra y un pensamiento pragmático han relegado a la niñez y la fantasía a lugares incómodos, mal vistos, inapropiados.

En la estación de Montparnasse mora Hugo Cabret desde hace algunos meses.  Su tío lo adoptó como su aprendiz tras la muerte de su padre, pero ha desaparecido.

Hugo es ahora un huérfano, lo que para la época es aún peor que llevar la peste. Dejó la escuela por asistir a su tío  ahora  debe convertirse en su fantasma; vigilar que cada uno de los veintisiete relojes funcione perfectamente, recoger en secreto sus cheques aunque no sepa cobrarlos,  para no ir al orfanato; porque si falla y lo descubren, perdería su tesoro; una sofisticada máquina que luce como un humano ante un escritorio, aparentemente a punto de escribir.

Su padre, un audaz maestro en la cronometría y en el arte de reparar relojes, encontró el artefacto en un desván del museo local donde trabajaba y lo reconoció como las máquinas que usaban los magos para deslumbrar a su público. Estaba hecho de ruedas dentadas, manivelas y un centenar de piezas que no pudo terminar de reparar antes que un incendio le quitase la vida.

Para que el autómata vuelva a funcionar, Hugo sigue la libreta de notas de su padre y roba piezas mecánicas de los juguetes que vende un colérico viejo en la estación, que por alguna razón, encajan  perfectamente en el autómata.

La obsesión por reparar su reliquia lo acerará a develar junto con Isabelle –la sobrina del juguetero con quien encuentra algo más que una amistad, un ingenioso aliado– y Etienne –un amante del cine que introducirá a Hugo en el mundo del séptimo arte–, un misterio irresuelto: George Méliès, el mago y cineasta, no ha muerto.

Más similitudes que diferencias

 Mejor Película, Mejor Director, Mejor Guión Adaptado, Mejor Banda Sonora, son algunas denominaciones que calzan perfectamente con los mejores atributos del libro.

Están claras las actitudes de un buen director-escritor-ilustrador: el tacto, la pericia y cuán buen lector de cine es Brian Selznick, al dominar la gramática visual, darle vida y profundidad a un texto y adaptar su novela fílmica sobre la base de una investigación y una pregunta que quedó en el tintero.

En el epílogo, el autor señala que si bien ciertos personajes son ficción, la accidentada vida de los  autómatas no lo es. Selznick reconoce que la historia empezó a surgir en su mente  después de leer Edison’s Eve: A Magical History of the Quest for Mechanical Life, de Gaby Wood, texto que, en palabras del propio Selznick, contaba la verdadera historia de unos complejos autómatas a cuerda que fueron donados a un museo de Paris. Hasta ahí la historia que pudo investigar. Su adaptación empieza a partir de la siguiente pregunta: ¿Qué hubiese pasado si esos autómatas no se destruían? 

Quizá  una de las canciones que musicalice la novela de Brian Selznick es, además de  la pasión por las máquinas, una apuesta por el destino y misión de cada ser humano, como parte imprescindible de un gran sistema de engranajes, una gran máquina.  Pero hay más, el autómata (en esta historia, una metáfora de creador, de cineasta) es la pieza clave en el rejuvenecimiento de George Méliès y el de Hugo Cabret. Desde esquinas opuestas, ambos habitan el mismo lugar fáctico (una estación-celda) pero también el mismo lugar simbólico, la adultez de los que sobran y viven sin sueños o conquistas.

Es así que gracias al regreso de su autómata, G.M  viaja desde el confinamiento en el último –y anónimo– rincón de su vejez  hacia hasta su niñez más reciente, como mago, dibujante, apasionado de las máquinas y cineasta.

A Hugo Cabret, incrustado en una vida adulta que no comprende –trabajar y vivir absolutamente solo– lo único que lo entusiasma es reparar el autómata. Un actitud que mantiene aún encendida  la llama de la creatividad que su padre alimentó  en él,  a través de las películas de cada cumpleaños, los relatos de Julio Verne y por supuesto, las piezas mecánicas.

En síntesis, si bien las diferencias entre ambos textos (algunas caracterizaciones y añadidos) son sutiles pero bastante significativas, ambas piezas son dignas de merecer una noche de aquellas, con once estatuillas y  una intensa lectura que toque nuestras fibras.

As

Deja un comentario

Archivado bajo Arte, Literatura infantil y juvenil (LIJ), Novela, Novela juvenil

La invención de Hugo Cabret (Ediciones SM, 2007)

Con 284 páginas de ilustraciones originales y combinando elementos de los álbumes ilustrados, las novelas gráficas y el cine, Brian Selznick expande los límites del concepto de novela, creando una nueva experiencia lectora. La invención de Hugo Cabret (SM, 2007) está editada como si fuese una pantalla de cine. Para contar la historia, Brian Selznick juega con la combinación del blanco y el negro, y el conjunto que forman la introducción al libro, los textos, las ilustraciones y las fotografías (de películas como El viaje a la Luna y La llegada de un tren a la estación) está ideado de tal manera que da la sensación de que el lector esté dentro de una sala oscura, delante de una tela blanca, preparado para ver ante sus ojos la proyección de una de las primeras películas de la historia.

Lea más sobre el libro y las relaciones con la película Hugo, de Martin Scorsese aquí:  http://wp.me/p1jw0v-iC

Deja un comentario

22/02/2012 · 1:38 am