Archivo mensual: enero 2012

Lima imaginada

Lima imaginada

Javier Protzel

Fondo Editorial de la Universidad de Lima (Lima, 2011)

ISBN: 978-9972-45-254-3

Páginas: 446

Precio: 90 soles


¿Cuánto tiempo le tomaría a alguien dar una vuelta por Lima, recorrer sus espacios, épocas y micro realidades sociales?  Para el sociólogo e investigaodr Javier Protzely su equipo, tomó sustanciosas cuatrocientas cuarenta y seis páginas, servidas con buenas fotografías, estadística, sazón ensayística, recorridos históricos, coloquiales, artísticos y literarios con el infaltable condimento psicoanalítico  y urbanístico. Puede calcular las horas hombre si lo desea.

Lima imaginada (Protzel, 2011)  es un mapa invisible de nuestra ciudad. Un trazo simbólico de nuestras opiniones y latidos, hecho a partir de una gran encuesta aplicada por el  Gop (Grupo de opinión pública de la Universidad de Lima, hoy desarticulado) y profunda inmersión en algunas zonas de la ciudad, desde el Callao, los distritos tradicionales hasta Lima Norte, Sur y Este.

Con ello queda más que demostrado que aunque hayan pasado cuatrocientos setenta y siete años,  Lima no tiene edad sino edades, tiempos y alturas en acto y paroxismo. Es tan linda como horrible, segura o intransitable pero mucho de ello depende desde  dónde se le mire, a qué color se le asocie, por dónde se transite y cuánto tiempo decida uno quedarse.

Si asumimos a la ciudad como una creación simbólica y colectiva, vista desde distintas ópticas, es ése el patrimonio que no puede demolerse y es actualizado día a día. El proyecto Imaginarios Urbanos del filósofo colombiano Armando Silva, buscaba registrar aquel trazado inasible pero manifiesto, en las ciudades emblemáticas de hispanoamérica. Llegó al Perú, y en concreto a la ciudad de Lima.  La colección incluye a Bogotá, Santiago de Chile, Montevideo, Quito, Sau Paulo, Buenos Aires y Sevilla.

Lima es sin duda una criatura digna de un bestiario, que estuvo inédito hasta esta iniciativa: respira niebla y hedor, su piel de asfalto y arena arde en verano, agoniza durante todo el año y también celebra;  cálida en algunos territorios, ingrata en no pocas circunstancias, no inverna, crece inconmensurable e insosteniblemente, nos aglutina y divide.

Es –en una buena síntesis–, una ciudad tan real como imaginada: hecha y desdibujada con el contagioso afán por construir –hasta en donde no se debería–, asumida, vivida e interpretada por los limeños: ciudadanos, consumidores, ideástas criollos que en palabras del autor atraviesan por un proceso constante de reinvención mental que anda pisándole los talones a las transformaciones urbanísticas, algunas de ellas lamentables.

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Su firma digital es el primer paso. Apoye la gestión cultural responsable.

La carta abierta de Javier Arévalo al Ministro de Cultura es un justo y énergico reclamo de un viejo pero actual problema. Confiamos que este estruendo reververará en una revisión del Promolibro, la gesta de políticas publíticas eficaces para promover la lectura, un fértil aparato editorial.  La utopía comienza con un pequeño aleteo web, una campaña de firmas digitales a través del  portal Firmasonline. Siga el enlace y lo llevará a la carta, que no es sino una primera forma de encontrarnos, reunir esfuerzos y buscar soluciones.

Citamos el comentario de Chachi Sanseviero, hecho a propósito de la carta en mención:

La trayectoria de este señor difícilmente podría llevar el sello de promotor de la lectura sino el de empleado aplicado de todos los gobiernos que nada hicieron por fomentar la lectura en nuestro país.  Lamento que mi querido amigo, hoy Ministro de Cultura, Luis Peirano, haya sido tan mal informado por sus asesores. Antes se debió evaluar cuánto hizo el Sr. Yepes en estos 8 años por crear bibliotecas públicas en cada uno de los más de 1860 distritos en que se divide la costa, sierra y selva de nuestro entrañable país. Cegado por las luminarias de las grandes imprentas y casas editoras establecidas en el Perú, tampoco hizo nada por alentar a las decenas de pequeñas editoriales independientes que hoy publican heroicamente a nuestros jóvenes poetas y narradores que no tienen acceso a las grandes casas editoras.

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“O no conoce a el Quijote o no conoce a Yepes”: Carta abierta al Ministro de Cultura Luis Peirano.

Para terminar la primera semana del año, empieza a circular por medios digitales una carta del escritor Javier Arévalo dirigida al  ministro de la Cultura Luis Peirano.

Recordemos que Arévalo  fue  finalista en el  concurso Premio Integración y Solidaridad que organiza Rpp  el 2011. Reconocimiento que le fue otorgado  por sus emprendimientos  y actividades vinculados a la  promoción de la lectura a través del proyecto Recreo.

El escritor no entiende los elogios a la gestión  (o el ochenio) de Ernesto Yepes sobre Promolibro, porque no percibe logros notables, de hecho, apunta que tanta cortesía resulta un insulto para el  movimiento independiente por la promoción de la lectura.

No es el único que tiene severas críticas para dicha organización, pues si bien Promolibro es el único órgano nacional de fomento, difusión y marco legal que hay en el Perú, dista de ser eficiente. Ya  un movimiento de editores busca también la revisión de la misma ante el Congreso.

Carta abierta al Sr. Ministro de Cultura Luis Peirano

Ernesto Yepes y el desprecio por los ciudadanos y la lectura.

Lima 6 de enero de 2012

El reconocimiento público del Ministerio de Cultura a Ernesto Yepes, por la conducción de PromoLibro durante 8 años, es un insulto para todos aquellos que trabajamos en la promoción de la lectura desde lo privado, con financiamientos propios, con imaginación y creatividad, y que hemos hecho posible que la lectura prospere en nuestro país.

Ernesto Yepes, estimado Ministro de Cultura, ha sido el peor de los promotores de lectura que ha tenido este país pues convirtió al Consejo Nacional del Libro, que debía proponer políticas públicas y convocar a los agentes vivos del libro de este país, en una oficinita municipal de reparto de artefactos de triplay con 40 libros dentro.

Su labor ha consistido en cobrar su sueldo y hacerle creer a todo el mundo que distribuir esos espantosos triplays es la labor del Estado en la promoción de la lectura.

Que usted Ministro Peirano crea que esa es una labor quijotesca, pone en evidencia que, o no conoce a el Quijote o no conoce a Yepes. Por lo pronto, el hidalgo de la mancha no cobraba casi 15 mil soles mensuales para salir a los caminos a enderezar entuertos.

La permanencia de Ernesto Yepes en la conducción de PromoLibro pone en evidencia el interés que el Ministerio de Cultura tiene en este momento por siquiera enterarse de cuál es el problema del libro y la lectura hoy.

Una gran cantidad de representantes del sector libro tuvimos una reunión con la gerencia de industrias culturales que dirige el señor Christian Wiener. El papel cumplido por PromoLibro y de su Secretario Ernesto Yepes fue punto por punto criticado y se puso en evidencia su incompetencia y su fracaso. Ahora sentimos que hemos sido burlados.

Señor Ministro Peirano, quienes promovemos el libro y la lectura, los ciudadanos que generamos la riqueza y representamos la cultura de este país, no nos merecemos este insulto.

Javier Arévalo, escritor.

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Entrevista con Víctor Ruiz Velazco, ganador del premio José Watanabe Varas 2011 (Poesía).

Entre  las despedidas y cierres de Diciembre,  pasó casi de manera espectral el fallo del jurado del  Premio Nacional de Creación Literaria “José Watanabe Varas” 2011. La próxima semana se realizará la presentación formal  del premio, entre tanto, el escritor Víctor Ruíz Velazco , cuyo  libro de poemas Fantasmas esenciales  fuera elegido ganador entre 124 poemarios,  recoge algunas impresiones del concurso y del oficio poético.

Has dicho que en Fantasmas esenciales las voces femeninas que tu poesía evoca han dejado de estar en off. ¿Ellas son ahora las protagonistas? ¿Cuáles son los motivos que circundan a Fantasmas esenciales?

Una forma de leer mis anteriores libros es leerlos como un testimonio de pérdida de la amada y que en esa medida hasta ahora no había dejado que Ella contara su versión de los hechos. En muchos sentidos mis libros han sido siempre una búsqueda de esa patria, de ese paraíso perdido. En cuanto a prestarle voz a la Mujer, no creo tener esa autoridad, ni pretenderla. Tampoco desvirtúo lo femenino, o mejor dicho, la lectura que tenemos (culturalmente, socialmente) de lo femenino: no hay travestismo en Fantasmas esenciales, no hablo por una colectividad que podamos asociar con el género femenino. No creo en eso. Lo que se esperaría como logro máximo sería no jugar a que uno es, sino ser: Interpretar. Vaciarte para ser el contenedor de otra intensidad, de otra energía (utilizo estos términos en referencia a Deleuze y Guattari ya que, de hecho, todo el discurso sobre el «Cuerpo sin órganos» que ellos desarrollan ha sido mi principal motivación intelectual para construir este poemario). Concibo la poesía también como una disposición de elementos dramáticos que pretenden retratar las grandes pasiones del ser humano. Esa es mi herencia moderna, poundiana y eliotiana, sobre todo.

Entre tus personajes destaca aquella voz en el poema Retrato de una dama
El personaje principal que habla en el poema «Retrato de una dama», es una construcción llevada a cabo con recuerdos personales, biografía de célebres mujeres como Gertrude Stein y más precisamente George Sand; también pensé en Blanca Varela. En el mejor de los casos, es un personaje en un sentido dramático del término y la construcción es la misma que efectúa un actor, es la misma preparación y dedicación en la que intervienen el actor, el director, el director de elenco, etc.

¿Qué te deja este quinto poemario?

Siempre he tenido un mapa mental de cada libro en el que me he aventurado, de alguna manera siempre he seguido esquemas filosóficos o psicoanalíticos. Puedo decir que lo que he decidido publicar siempre ha sido una respuesta a una motivación intelectual antes que de un estado de ánimo. Para quien tiene una noción o un sentido de obra todo siempre aportará al camino que se viene trazando; es imposible, creo, ver el camino en su totalidad, eso está claro, pero hay ciertos elementos que nos guían, que nos hacen saber que avanzamos. Como cuando escalamos una montaña: solo al llegar a la cima contemplamos la totalidad de ese «camino» que hemos atravesado paso a paso; y sin embargo era previsible trazar una ruta, ¿no? Ahora, ¿por qué sería inteligible esta ruta a través de varios libros? Porque creamos una sensibilidad particular que nos hace escoger lecturas, música, películas, (de todo tipo), experiencias, etc., sobre una infinita gama de  posibilidades, y casi siempre esas referencias estarán interconectadas. Nosotros desarrollamos nuestra propia genealogía estética, por eso habrá una pre-ruta trazada siempre.  Encontrar una voz, nos decían al comienzo, cuando empezábamos a escribir. Nunca terminé de entender esa expresión, pero creo que eso es importante. Encontrar un estilo y llevarlo al dogma, no creo en eso. No para mí. Tampoco creo que esté mal, en absoluto, solo que mi espíritu prefiere sentirse incómodo tratando de dominar  una nueva forma expresiva. Nunca me he sentido demasiado cómodo con una única forma de expresión. Siempre he querido escribir desde donde ya no sabía.

¿Cómo interpretas el haber llegado a una versión orgánica y ganadora de Fantasmas esenciales?

En relación al libro ganador del concurso. El primer poema de Fantasmas esenciales llegó cuando menos me lo esperaba, realmente fue una aparición, como diría Óscar Hahn. Un día, muy tarde, quise ver la hora y no pude porque las sombras de las hojas de las palmeras de la calle tapaban el reloj. Yo pensé: «La rama cubre el reloj, pero el tiempo pasa». En mi interiorización del hecho cambié la palmera, la sombra de la hoja de la palmera por una rama, ya no pertenecía eso al mundo de la experiencia… y así empecé a escribir el primer poema de la serie que constituye Fantasmas esenciales. Es decir que un poema le dio el tono al conjunto. Escribí la primera versión del libro en algo más de cuatro meses (2008). Me demoré tres años en corregir los poemas y en ese tiempo apareció un poema más de cuatro estancias llamado «Ágape» (finales de 2010). Cuando tuve el libro finalmente listo, listo es un decir, se lo pasé a algunos amigos y ellos me hicieron algunas sugerencias, siempre valiosas. Les hice caso y dejé el libro descansando. El 10 de noviembre Paul Guillén me comenta sobre el Premio Watanabe, yo, que vivo a una cuadra del Peruano Japonés, no sabía nada. Al día siguiente cerraba la convocatoria. Imprimí el libro y mi hermano lo llevó, creo que lo entregó faltando 10 minutos para la hora límite. Sinceramente no esperaba ganar, pero los premios son como una lotería. Sabes que nunca ganarás, pero igual compras un boleto, porque: ¿qué tal si sí?

¿Es José Watanabe uno de tus santos poetas de cabecera? ¿Qué es lo que más te atrae de su poesía?

Watanabe es un poeta ineludible para alguien que ha leído la tradición poética peruana. Tuve la suerte de conocerlo y de visitarlo en varias ocasiones en su casa. Él siempre fue muy generoso, un poeta a tiempo completo. Si hay un libro suyo sobre el cual siempre vuelvo, este sin duda es Cosas del cuerpo, me parece una obra maestra. Creo que lo que hizo Watanabe fue demostrar que cualquier asunto del hombre, de la vida en general, era poetizable, pues el poema siempre ha de ser una traducción del hecho poético, de la verdadera poesía que se escribe en el mundo: desde la sonrisa de un niño hasta la forma en que un haz de luz entra por la ventana de una casa para mostrarnos una mujer preciosa. El poema siempre será ese intento, perdido de saque, por recuperar algo de eso intangible y sin embargo inmarcesible: de aquello innominable. Es un honor para mí haber podido obtener este premio que lleva su nombre y que el jurado compuesto por Marco Martos, Hildebrando Pérez y Camilo Fernández Cozman, hayan encontrado valioso mi libro.

 El mes de marzo, en especial los idus son un motivo recurrente ¿Cómo esa vieja tradición romana empieza a calzar contigo hasta hacerse un emblema y darle nombre a un poemario?

En mis primeros libros tengo la intención de mostrar lo que creo que es importante no perder, entre otras cosas, y esto se traduce en: «Lo que tengo que decir no es lo importante, lo importante está en Dante, en Arnaut Daniel, en Rilke, en Rimbaud, en Kavafis, en Mallarme, en Artaud, en Vallejo, etc». Yo organizo un discurso en base a textos de otros, básicamente hago un montaje, un trabajo de edición; sobre todo en Délibáb, enemigo del viento. Me interesa decir: «Por aquí hay algo importante. Sería bueno que alguien lo continúe». Por eso las alusiones librescas, míticas, las citas frecuentes.  El tema de los Idus de Marzo según recuerdo tiene que ver expresamente con el poema homónimo de Kavafis, aquel que empezaba:
«Teme, alma, las grandezas, y si no puedes doblegar tus ambiciones, al menos persíguelas con cautela, recelosamente, y, a medida que avances, vuélvete precavida, conócete».
Yo escribo para conocerme. Y claro, ese es un trabajo de toda una vida.

¿Cómo consigue espacio y tiempo para la poesía un editor y literato a tiempo completo?

Un amigo me decía: «No dejamos a la poesía, ella decide cuando nos toma». Creo que eso es cierto. Qué puedo decir, ya tuve catorce, dieciocho, veintidós y veintiséis años. Me he pasado muchas noches enteras, más de las que puedo recordar, leyendo y escribiendo a pesar de no saber qué decir a ciencia cierta. Eso ayuda, creo, a desarrollar una disciplina siempre. En el peor de los casos te ayuda a desarrollar un oficio en el sentido más inmediato del término. Como escritor, trabajo con las palabras. Debes dominarlas, son tu instrumento y tu materia de trabajo, como lo es la arcilla y el mármol para el escultor; los acordes y notas para el músico. Entre los dieciocho y veintiséis (tal vez me di un par de años más) tienes todo el tiempo del mundo para leer y escribir. Aprovecha esos años en que todo el mundo considera «que aún eres joven y que en algunos años esa locura de ser escritor se te quitará». Aprovecha ese chance si crees que es lo tuyo.

Aprovechaste tu juventud…

Cuando era muy joven sentía que si no escribía un poema por día me moría. Estaba peleando con la palabra, quería gobernarla. El oficio se desarrolla en el propio ejercicio de ese oficio. Solo debes dar la vuelta cuando estés demasiado seguro de ello. Entonces entiendes que no solo se trata de oficio. Entiendes que la aprehensión está de más. Dejas que todo se vaya decantando y comprendes que escribes más intensamente en esos prolongados momentos de silencio, precisamente cuando no coges el lapicero o la computadora. Aprendes a respetar la palabra. No la quieres violentar. No quieres ir contra ella.
Entre los dieciocho y los veintiséis hay que aprender esto, porque después no tendremos cuándo. A los veintisiete, quizás un par de años antes, la vida empieza a llenarte de responsabilidades, nuestros padres empiezan a «cansarse de tener un hijo medio poeta, a quien no se le ha pasado aún ese afán loco». La vida y las responsabilidades empiezan a ganarnos. Por eso siempre voy a estar seguro de que si no leía a Stendhal, Víctor Hugo y a Proust a los dieciocho años no podría leerlos ahora. Todo se vuelve más rápido e inmediato. Si no desarrollaste tu oficio en los años previos, no hay manera de que todo calce en un tranquilo y bien delineado orden. El trabajo previo es lo que te da ese bienestar. Esa tranquilidad.

Lustra editores, la editorial independiente que tienes a tu cargo, también edita poesía ¿Crees que la poesía sea la anti materia del mercado editorial?

Espero que no. Sería bueno que en algún momento participe del circuito, al menos lo suficiente como para ayudar a que aparezcan más libros de poesía y no se destruya todo en ese improbable encuentro. La poesía siempre se abre paso por sí misma, de mano en mano. Esa es siempre la mejor manera, el mejor camino.

As

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