Archivo mensual: noviembre 2011

Un Lugar. Fotografías de Raúl García Pereira

Un Lugar. Fotografías de Raúl García Pereira

Raúl García Pereira

Borrador Editores (Lima, 2011)

ISBN: 978-612-45916-9-3

Páginas: 96

Precio: 65 soles

Un Lugar, un espacio ganado a pulso.  Para la década de los noventa la música punk y el rock continuaban  ganaban adeptos y  territorios.

Desde 1997 en adelante, el portafolio de Raúl García Pereira  consigue una buena muestra de cómo el viral de una actitud incendiaria y provocadora,  se constituía como una casta; una tribu urbana con los emblemas de la estridencia, la anarquía, la crítica, el espíritu libre.

Con el mismo ímpetu, el avión  empezó hace catorce  años con  la crónica visual de aquella gesta, los devaneos al interior de  la marea humana que asistía a los conciertos.

Comunicador de profesión, fotógrafo de oficio, narrador experto  desde sus imágenes, cruzó el umbral de la anécdota para hacer arte e historia.

Más allá del ídolo en el escenario, atesoró  los micro relatos que podría encontrar entre los  gestos, rituales y situaciones que definirían a la escena local.

Además de las buenas migas que hizo con los músicos,  fueron esta colección de sucesos y personajes al interior de los pogos, las borracheras, los estragos y la euforia debajo del escenario, con las que hilvanaría un testimonio gráfico de cómo una actitud puede generar incendios culturales.

El resultado es un fino y detallista retrato de lugar  como de época, a blanco y negro,  con fogonazos de luz y velos de sombra; con voz propia y sin sutilezas.

Dices que no eres bueno con la retórica, pero si hablamos desde las imágenes es otra la situación…

No es que pretenda reemplazar las palabras con la fotografía. Me gusta la fotografía como herramienta de expresión silenciosa y que tiene su propio protagonismo. Mis fotos no tienen mi cara ni estoy yo presente cada vez que alguien las ve, entonces puedo contar algunas cosas, tal vez opinar o mostrar mi forma de ver el mundo sin tener que enfrentar personalmente a la audiencia.

El archivo que has conseguido debe ser un tesoro salvaje, difícil de ordenar. Coméntanos un poco sobre cómo conseguiste hilvanar el libro Un lugar

Fue un proceso larguísimo, lento y lleno de curvas y cambios de dirección. Primero, hace unos ocho años, “aproveché” una hepatitis que me puso en cama cuatro meses para revisar mi trabajo sobre la escena hasta ese momento. Ahí, en esos miles de negativos, encontré el registro frío de algunos eventos. También fui encontrando en algunas imágenes mi propia forma de ver y narrar. Al final de ese proceso tenía muy claro qué es lo que quería contar y cómo. No tenía intención aun de publicar un libro, pero de ahí salió la Agenda Rock 2004.

Empezaba a tomar forma el concepto…

Luego con las ideas un poco más claras retomé el camino ya buscando las escenas, atmósferas y personajes que para mi componen el rockanroll. Recién en 2005 llega la intención de publicar un libro. Empiezo a imprimir copias de centenares de fotos y las fui colgando en las paredes de mi taller. Enfrentando así el panorama completo me pongo a buscar las historias, los momentos en las imágenes que me eran más entrañables. Empieza un proceso de purga mientras continuo fotografiando, ya con la búsqueda más definida y la mirada más clara. Aun hay mucho material y varios caminos.

En el 2008 aparece Jorge Villacorta…

Él se conecta inmediatamente. Le encuentra la forma que yo no logro ver y propone una ruta. Jorge lee muy bien mis fotos y explica con mucha claridad lo que yo quiero expresar. Eso me ayuda mucho a definir lo que quiero poner en ese libro. Vuelvo a las paredes del taller e inicio una nueva purga. Me junto con Francisco Melgar, que entiende mucho de rnr y sabe ver bien las imágenes. Propone algunas líneas narrativas y armamos algunas series. A partir de ahí sigo yo solo, afinando la edición, quitando, poniendo, trayendo nuevas fotos, cuajando la cosa.

¿Cuándo llegaste al primer machote?

En 2009 tengo un primer machote, que combina color y blanco y negro, pero no logra convencerme. En 2010 decido trabajar todo en blanco y negro, lo que significó eliminar algunas fotos esenciales porque no funcionaban sin color, pero potenciando otras tantas al pasarlas a blanco y negro. Finalmente aparece Un Lugar, que no es otra cosa que un retrato muy personal del rockanroll limeño. Lo siguiente es conseguir producirlo y convertirlo en ese libro que tienes en tus manos.

Sembrarse una misión romántica como retratar en el tiempo la movida de punk rock  subterránea,  es gran medida contar lo que pocos pueden ver  ¿Qué te motivó a persistir?

No puedo negar que al comienzo, cuando empecé a fotografiar la escena en 1997 me entró una especie de “sentimiento de responsabilidad” con eso. Creía que había que estar en todas y que había que registrar todo. Felizmente había otros fotógrafos dedicados a lo mismo y me pude relajar un poco, jajaja.

¿Qué hizo que el aficionado a la fotografía descubra y se quede en el fotoperiodismo?

La realidad supera la ficción.

¿Qué riesgos, desventuras y  “milagros caletas” encontraste en estos años de incursiones y conciertos?

No recuerdo riesgos ni desventuras. Recuerdo mucha diversión, mucho sudor y mucha bulla. He podido hacer viajes memorables gracias a la relación de mi cámara con las bandas, y he tenido la suerte de estar en muchos ensayos, que para mi resultan como conciertos personales, donde escuchas el sonido directo, el error, el afán y la búsqueda del sonido ideal que tiene cada banda.

¿Sientes pasión por las personas? ¿Compartir sus hábitos y aficiones, mimetizarse con alguna “tribu urbana” o personaje es el combustible esencial en tu trabajo?

Sin duda me gusta encontrar y contar historias de gente, de cualquier gente. Es lo que más me interesa de la fotografía.

¿Se está haciendo un feliz destino común entre los fotoperiodistas el virar al lado documental, quizá el lado más honesto, menos efectista y tendencioso, más  útil para la memoria colectiva?

No lo veo como un viraje. Creo que es el lugar natural donde el fotoperiodista encuentra su lenguaje y su espacio de expresión. El fotoperiodismo tiene un carácter distinto y muy valioso y estoy seguro de que los fotógrafos que hoy encuentran en lo documental una herramienta para expresarse más personalmente siguen valorando y queriendo el fotoperiodismo como medio de información y expresión.

Han mencionado que sería justo agradecer a tu lado Pereira ¿Cómo la vena familiar de los Pereira ha influido en tu pasión por narrar desde las imágenes?

Esta pregunta es complicada. La dejaría de lado. Pero te puedo asegurar que sí, que “lo Pereira” tiene una gran cuota de responsabilidad en el camino que elegí.
As

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Soy puerto para el bien, soy puerto para el mal

Soy puerto para el bien, soy puerto para el mal

José Tola

Grupo Editorial Mesa Redonda (Lima, 2011)

ISBN: 978-612-4091-22-3

Páginas: 128

Precio: 29 soles

Soy puerto para el bien, soy puerto para el mal. José Tola

Soy puerto para el bien, soy puerto para el mal  es la última entrega literaria del conocido artísta plástico José Tola. El escritor, científico y educador  José Gabriel Ortega Palacios, comparte con nosotros una reseña.

Soy puerto para el bien, soy puerto para el mal son las memorias de un asesino siniestro, cuya insuperable devoción es la sangre y el sexo. Un ser agraviado que escala en su aventura sádica hasta alcanzar dañar a todos. Y sin embargo lo gobierna una extraña forma de libertad que somete sus realidades.

Una deliberada libertad que, desde la expresión más seductora de la monstruosidad hasta la hondura más verdosa de la tortura, llegan a nosotros como los gritos alterados de la criatura humana.

José Tola nos permite contemplar la profundidad pulposa, pulsante, exacerbada y sangrienta del alma de un asesino. El narrador extiende su aliento horrendo, su lujuria sádica y sus métodos incubados entre sangre, gritos y hierro, obligándonos a ver, como si tuviéramos unos ganchos abriendo nuestros ojos, la persistencia de su legado.

Tola va más allá y se atreve a definir al asesino como un nuevo mal. Una disonancia de colores y sonidos, una lentitud interior en respuesta a la aceleración exterior. En suma, una criatura melancólica que no sufre lo suficiente y que esa ausencia de sensibilidad hacia ella misma la inclina a llenar el silencio con los gritos de sus víctimas.

Soy puerto para el bien, soy puerto para el mal es una novela creada no solo para hablarnos de una proscrita belleza, también del horror torcido que yace entre sus líneas, entre el espacio dejado por las palabras en un intento de rebelión en favor de la ficción y de la más cruel y absoluta realidad: la impredecible consecuencia de la libertad humana.

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Codex de los poderes y los encantos

Codex de los poderes  y  los encantos

Martín Rodríguez-Gaona

Olifante, ediciones de poesía (Zaragoza, 2011)

ISBN: 978-84-92942-13-8

Páginas: 80

Precio: 30 soles

(de venta en librerías El Virrey  y  La Casa Verde)


Codex de los poderes y los encantos. Martín Rodríguez-Gaona

Para Martín Rodríguez-Gaona (Lima, 1969), poeta, traductor y ensayista  peruano enraizado en España desde hace catorce años,  la Beca Internacional de Creación  Poética Antonio Machado fue el paréntesis que necesitaba para reunir la experiencia acumulada,  los  viajes y las lecturas en una nueva entrega poética, la cuarta.

Confiesa que salvo el  mar, la naturaleza que no sea urbana le era un tanto indiferente porque no podía leerla.  Las ciudades le resultan como una gran fuente de estímulos y símbolos que lo motivan a escribir. La beca implicó también un claustro bastante particular y descubrir la belleza del campo: seis meses de estancia en Soria, el lugar donde el  poeta Antonio Machado escribió Campos de Castilla y que desde su centenario (2008),  la fundación homónima estableció que un poeta no español debería  escribir un libro con el paisaje del Duero y del Moncayo como testigos.

Según él, podría decirse que hay  poetas que fabulan sobre la base de sus símbolos y quienes además de volcarse sobre su propia ciénaga, hilvanan historias desde su experiencia cotidiana. Desde ése ángulo, él  es también un cronista. Ha reiterado que como viajero es  un buen  inmigrante;  porque le interesó conocer a fondo  las sociedades que le eran  nuevas, pero un mal turista, porque siempre durmió durante los viajes,  aunque las travesías  desde los libros eran otro cantar.

Codex de los poderes y los encantos (Olifante, 2011) es  un audaz paralelo entre  los  críticos apuntes de los cronistas del siglo XVII  – el Inca Garcilaso de la Vega y Guamán Poma de Ayala– y la crónica del mismo tono que Rodríguez-Gaona hace de su propio entorno, en los prolegómenos del siglo XXI, donde más que diferencias y progreso,  su exploración histórica y estética encuentra muchas similitudes en el devenir de la fauna social y la forja de una identidad.

El origen está en el Perú, pero el recorrido es muy  divergente entre las ciudades que el poeta habitó.  Hablamos de ocho cantos o poemas extensos, donde distintas voces componen diálogos yordenados delirios, ingeniosos paralelos en el tiempo, fugaces viajes desde las referencias a lugares o  presencias  anónimas, como  también personajes de la familia, amigos y poetas suicidas de fin de siglo, colegas suyos. En suma, el tejido que ha compuesto enciende una épica irónica y desgarrada. Sus  personajes son en cierto modo, la voz de individuos que no dan la espalda al rencor, y que por lo tanto establecen un ajuste de cuentas con la historia y la tradición.

Una colega española, Marifé Santiago Bolaños, opinó sobre el equipaje creativo del  poeta cronista:

Un cuaderno aún por empezar, el rostro del Inca Garcilaso, el secreto de Felipe Guamán Poma de Ayala (que viajó desde el siglo XVII hasta el XX de Perú a Dinamarca, como del XVII al XXI viaja Rodríguez-Gaona de Perú a España).Realidades que albergan el misterio de la escritura, pactos entre poetas viajeros en la luz del tiempo. Un viaje en pos de ese trazo: así es este hermoso Codex de los poderes y los encantos, en el que la música envuelve a la palabra hasta que la palabra es un murmullo capaz de despertar a la vida dormida: “Lo que escribí es difícil de leer, pero, ¿no dicen lo suficiente los cuadros que he dibujado?”

As

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