Entrevista a Alfonso Cisneros Cox. Los pies sobre la arena: una caminata hacia el mar interior de La Ensenada (*)

Hacia el 2007, La Ensenada acababa  de hacerse poema e imprimirse, bajo el sello de Ediciones Caracol. En esta entrevista publicada en Anexo, el suplemento de artes de la revista Nexos, el poeta niño nos hablaba de los motivos que rodeaban la última de sus entregas poéticas hasta el momento: una propuesta de narración y síntesis visual que adopta la forma de una bitácora bastante particular, en la que  intercala haikus y poemas en prosa (haibun) para hilvanar episodios  de su niñez y juventud, en la playa de La Quipa.

Dos años después tenemos un nuevo poemario al frente, pero esta vez, el paisaje y todo lo que lo rodea, giran entorno a un personaje muy peculiar: el niño.

He tenido muchos recuerdos de mi infancia, en la playa de La  Quipa,  en la cual permanecía durante los tres meses de verano, la que denominaba mi casa solariega. Durante ese tiempo, iniciábamos caminatas hacia los paisajes que nos rodeaban: el Cerro Negro, la Tiza,  el Gran Corte, la Cueva de Lobos. Quería rememorar aquella época y empecé a escribir poemas en  prosa poética y no encontraba unidad hasta que se me ocurrió organizarlos en relación a un haiku como remate final en cada texto. Eso se conoce como haibun, una forma tradicional de poesía  japonesa que asocia  un texto narrativo y una escena final a manera de haiku.

Al leerlo parece que adoptara la forma de un diario escrito por un niño mago, que empieza a explorar su mundo fantástico.

Pienso que prácticamente es un libro escrito por él. Es la parte de la niñez que el poeta siempre lleva adentro, la ingenuidad y la sorpresa. Eso solamente le sucede al niño, que va asombrándose poco a poco mientras descubre las cosas. Casi todos los eventos que realizábamos eran rituales de aventura y reflexiones en soledad, como caminar por la playa a las seis de la tarde y sentir cosas inexplicables. Hasta que empiezas a percibir que todo ello se va perdiendo porque vas creciendo. El libro entero es una remembranza ante temas que son recurrentes en mi poesía, como el mar y el desierto.

Ese niño mago tiene la intención de recoger en un haibun el mundo que respira de viento, agua y arena, para recrearlo.

Sí, creo que ahí está el aporte del haiku, le da un soporte importante al poemario. Yo lo entiendo como condensar en una imagen breve y poética, toda una existencialidad. La poesía lírica tiende a ese encanto sutil de todo lo que sugiere, como una especie de colofón o síntesis. El haiku no apela a ciertas palabra obvias (te quiero, te extraño), todo aquello que quieres decir se expresa por sí solo y esto lo hace aún más sugerente.

Claro, si se pierde el misterio se pierde todo. ¿Por qué haces del niño tu protagonista o el punto de apertura?

Es lo único que me queda. La imagen del niño es en esencia la del poeta que habla con esa expresividad limpia, transparente. El niño es curioso, recuerda zonas o regiones de esta ensenada en la cuales él se ocultaba para soñar, descubrir  y gozar el sonido del mar, el reflejo del sol, golpeando o dibujando las peñas, mirando las estrellas por la noche.

Después de ser niño, ¿qué queda?

Al artista no le quedaría nada. Si pierde esa ingenuidad e inocencia, deja de decir y captar muchas cosas.

Uno debe procurar traerlo de vuelta.

Sí, porque uno va perdiendo vitalidades que solamente las puede recuperar a  través de un sol interior, desde la interioridad. Como decía Matisse: existe un sol exterior que nos ilumina, una vez que deja de hacerlo, aparece el sol interior que uno ha cultivado. Un sol que resulta  parte de ése cosmos de pasión y vitalidad, que en La Ensenada se transforma en un mar interior. Además, en cierta forma mis poemas siempre han estado emparentados con el mar de La Quipa y la costa peruana.  El mar es una figura muy intensa, posee un universo profundo, insondable, cambiante. Es algo así como una metáfora del inconsciente. El olor, el sonido  y su infinitud maravillosa lo hace una presencia enigmática.

Es por esa presencia que encontraste la naturaleza.

Cada uno vive sus propias experiencias, las que te marcaron de muy joven. Ese es el caso de Watanabe, que vivió en Laredo, en el campo, de pata en el suelo. En el poemario  Piedra alada hay un universo con muchas escenas de referencia hacia ella y la casa rural. La naturaleza ha sido fundamental para ambos: te sorprende y te da ciertas formas para percibir, comprender o decir algo indescifrable. En mi niñez y juventud pude recoger de La Quipa todas esas sensaciones producidas por las dunas, piedras, arrecifes, acantilados  y grandes paseos. Huaqueando, saliendo a la mar en pequeños botes enrumbando a lugares peligrosos, prohibidos por nuestros padres, como la cueva de Lobos.  El paisaje de La Quipa, es muy rico: entre farallones y peñascos, un mundo estéticamente creado por la naturaleza.

Y todas estas sensaciones son las que te conducen al poema

Claro. Me refiero a ellas en un texto, que es casi  un arte poética, donde se narra el primer encuentro. Empezó con una caminata en el desierto: sentí algo trascendental e inexplicable y fue como darme cuenta que el arte estaba escondido entre mar y dunas. Simplemente apareció.

Lo escrito en el papel/ lo lee ahora/ el agua mansa.  Ese haiku podría ser el momento que vives ahora.

Sí, es el momento. La sensación permanece y fluye en adagio, así como el mar interior, aunque siempre esté la desesperanza. Yo le hablo a ese mar de cuando era niño, no al mar de ahora,  de La Quipa que no piso hace quince años.

¿Es La Ensenada, un cierre o una evocación que se ha detenido?

Es un libro exterior con interioridades marcadas. El haiku está en el exterior, tú lo miras, lo capturas con la palabra porque está ahí, ayudado sólo por el artificio del poeta. Con La Ensenada se culmina una etapa evocativa, que une lo interior con lo exterior, como una serie de recuerdos o confesiones.  Lo demás está en el lector, que construye sus propios parajes.

En  el poemario hay  cuatro partes bastante claras. El inicio es mucho más sensorial que descriptivo. La segunda parte es más narrativa, centrada en describir lo intrascendente, como el devenir de las olas, las escamas de los peces   y las ondas en la arena, para magnificarlo.

Así es. Además aquí las evocaciones también son más de personajes, situaciones o recuerdos. Los observo de lejos y hablo sobre ellos, como una suerte de desdoblamiento. Por ejemplo, escuchar las sobremesas, las canciones de Panchito, sus cuentos de altamar. Ahora siento qué importante era todo lo que nos sucedía.

Hacia la tercera parte, el ojo descriptivo se vuelca a la reflexión sobre  el eco de las ideas y sus viajes de ida y vuelta.

Es la parte más reflexiva. Con la imagen del Eco, la idea era  jugar con todas las variantes y situaciones que sucedían. Había un lugar en las peñas que era el lugar del eco. Nos deteníamos para sentir quién podía gritar más, para que el eco llegase con mayor fuerza., entre los silbidos de la paraca.

El eco es también una búsqueda,  una extraña compañía.

Clamar por el eco es como hablarle a la naturaleza y saber que la respuesta está dentro de ti. Así como el siguiente haiku que Senseisui compuso titulado el ECO: ¡Hey! clama el hombre solitario / ¡Hey! responde la solitaria montaña.

Existen dos hilos conductores a lo largo de  la reflexión en esta tercera parte: la duda y la soledad.

Es una soledad que está instaurada. No la busco, pues ya camina conmigo. Mark Strand dice: “Siempre donde  estoy, soy aquello que falta”. Esa es la soledad que forma parte de mi cuerpo, de mi presencia. La descubrí en La Quipa, desde muy niño.

Ella contribuyó a crear en ti un oído receptivo.

La naturaleza te hace agudizar más ese sentido: tanto la pureza de sus sonidos como la revelación de las imágenes. Ello  conlleva el hecho de caminar solo por la arena, los arrecifes, los cerros o de una playa a otra.

Además de la soledad, la ausencia crea cierta evocación.

De hecho. La ausencia es muy importante: a mayor capacidad de ausencia, hay mayor interiorización de  las cosas. El cuerpo es como un cántaro, donde ha mayor resonancia, todo penetra mucho más.

En el final de la cuarta parte, el personaje alude a algo que se aleja, quizá sea el tiempo.

Hay mucho de remembranza. Así también, los últimos poemas  de la parte final, aparecen como colofón, sentencian  lo ocurrido a través del poemario. En Ensueño, último texto del poemario, es como estar sumergido en la desesperación, se cuelan ciertas presencias  naturales como conchas, algas, viento; en Puertas y ventanas, se abre lo que debe permanecer y el resto se cierra.

Se asume el deterioro.

Al escribir la Ensenada he rejuvenecido, pero el anhelo siempre está presente, como lo están también la noche, los candiles y el enamoramiento. La Ensenada permanecía dentro de mí  y tenía que aparecer en algún momento.

Es un libro de recuentos y  exploración, antes que la búsqueda de nuevas preguntas

Así es, como dice René Chair: “la poesía no responde, la poesía pregunta”.Siempre queda algo de no acabamiento que le da el valor poético al texto. Es como abrirle puertas al enigma.

Ahí aparece el haiku.

Sobre todo porque los paisajes son muy bellos: hay muchos matices y sonidos. Peñones de distintos colores y alturas, lugares prohibidos e inaccesibles. Experiencias como introducirse dentro de las rocas o sumergirse bajo el mar eran sensaciones inigualables El paisaje marino es otro mundo. Para mí la poesía y la contemplación son prácticamente sinónimos, por eso tiendo a la poesía oriental donde no todo está dicho, más bien, está abierto, el poema no debe acabar, debe ofrecer la posibilidad de volver una y otra vez, al silencio del inicio del poema, sin que exista un final. Ahora son menos los que se conmueven con la sugerencia y lo maravilloso y quien ha tenido una relación con ese encanto, siente que jamás desaparece.  El arte estimula mucho esa capacidad de asombro, abstracción  y es imposible que uno lo deje. La polaridad ausencia-maravilla es una constante en mi poesía: pequeños destellos luminosos  en el desierto.

*
Entrevista:  A.S.P.

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1 comentario

Archivado bajo Poesía

Una respuesta a “Entrevista a Alfonso Cisneros Cox. Los pies sobre la arena: una caminata hacia el mar interior de La Ensenada (*)

  1. iberia Baylon

    ¡¡Siempre estaras con nosotros,¡¡¡Dejaste un legado poetico impecable en nuestro pais¡¡Te recordaremos en todos los tiempos y espacios posibles¡¡

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