Archivo mensual: septiembre 2011

Otras culpas

Otras culpas

 Paloma Valencia Laserna

Borrador Editores (Lima, 2011)

Páginas: 155

ISBN: 978-612-45916-6-2

Precio: 29 soles

Sigue el enlace para leer algunos cuentos

Paloma Valencia Laserna. Otras culpas

Paloma Valencia Laserna logra, gracias a una visión lúcida e irónica, llevarnos a uno de los capítulos más violentos y actuales de Latinoamérica.Los personajes de Otras culpas buscan vivir la normalidad en medio de la violencia e incertidumbre: hombre y mujeres genuinos que tienen que tomar decisiones en medio del caos, que miran con ojos repletos de humanidad, esperando una respuesta. (Borrador Editores, 2011)

Librería Perú conversó con la filosofa y abogada colombiana, Paloma Valencia Laserna. Apasionada de la escritura, la política y el medio ambiente encontró espacio para ejercer el periodismo, la docencia universitaria,  dar consultoría en políticas públicas  y no descuidar la creación.  Otras culpas es su ópera prima.

Algunas impresiones

Quizá otra forma de aprender sobre la tragedia sería no maldecirla, ella es nuestra inminente compañera de vida. En esa sabia paráfrasis oriental es que Otras culpas (Borrador editores, 2011)  aborda la atmósfera de violencia que se ha asentado sobre Colombia, una tierra real maravillosa. Lo curioso, según Paloma Valencia Laserna, es que el sufrimiento no es la antítesis de la felicidad, no la destruye.

En su experiencia como periodista de opinión y abogada colombiana, sabe que sus pares viven con pasión tanto las fiestas como sus tragedias. En su primera colección de cuentos, trabajada durante una maestría de Escritura Creativa (NYU), el habla cotidiana y las actitudes de todos los días serán nuestra guía para aproximarnos desde la periferia de los hogares y costumbres hacia la profundidad  de  los pensamientos y  reacciones  creativas de sus protagonistas, en un teatro de la crueldad que gracias a los matices de humor y el vuelo lírico, deja de ser efectista y toma otro cauce.

 Es así que ella nos plantea múltiples escenarios para mostrarnos cómo las voces del  pueblo y las noticias hacen de los asesinatos un mito popular; el gusto a sangre que tienen las moras amargas o la taquicardia tras descubrir una infidelidad entre los mensajes al correo;  cómo un prisionero japonés contempla mariposas mientras las FARC lo retienen  y asume que nunca podrán quitarle la libertad del espíritu. No encontrará  tinte político ni rastros de una exhaustiva bitácora de siniestros, sino justo lo que queda debajo de ambos, relegado muy a menudo a un plano menor: las personas hilvanando historias.

Tres preguntas breves

¿Qué te llevó a publicar tu primer libro de cuentos en Perú?

Creo firmemente en la necesidad de una integración latinoamericana, que nos acerque, nos vincule, nos cree lazos. Richard Parra me contó que iba a publicar sus cuentos en el Perú, con una editorial independiente, de gente joven, llamada Borrador. Tomó conmigo algunos cursos de la Maestría en Escritura Creativa en NYU. Los dos escribimos sobre la violencia, aunque lo hacemos desde dos perspectivas diferentes, así fue que surgió naturalmente una amistad. Viendo los buenos resultados de su edición y su libro, me pareció una gran oportunidad poder publicar en el Perú y también aproveché para conocer un poco más de su cultura y su política, ya conocía su literatura.

¿Cómo percibes que la literatura sudamericana (y la colombiana en particular)  aborda la violencia política en nuestros días?

Las aproximaciones son y han sido muy diversas, casi tanto como el número de autores que escriben. Es un fenómeno que nos desborda, que siempre termina siendo más grande que nosotros mismos. La violencia es inasible; y eso está bien porque la falta de humanidad jamás será natural o explicable. La literatura de nuestros países, Colombia incluida, está marcada por ese dolor.

¿Puede hablarse de un cambio de óptica en el discurso?

Creo que vivir en medio de la muerte cambia a las personas. Mi literatura intenta observar a los individuos inmersos en esos escenarios pero sin hacer de la violencia un protagonista, sino solo una circunstancia. He tratado de rescatar esos momentos donde brilla la humanidad, donde es posible ver el alma, a pesar de que el mundo circundante parece disolverse.

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Disidentes 1. Antología de nuevas narradoras peruanas

Disidentes 1. Antología de nuevas narradoras peruanas

Selección y prólogo: Gabriel Ruiz Ortega

Ediciones Altazor (Lima, 2011)

Páginas: 194

ISBN: 978-6124-053-70-2

Precio: 20 soles

Sigue el enlace para enterarse más sobre las disidentes:

Disidentes 1. Antología de nuevas narradoras peruanas

 Es axiomático que las nuevas narradoras, en todo su universo, sí tienen mucho que contar. Y no me refiero únicamente a los libros que me gustaron. No le ha temido a la soltura de contenido, hasta en algunos casos he podido percibir catarsis personales. Claro, estamos hablando de ficción, pero hay un “algo más” entrelíneas.   Las narradoras de Disidentes 1no son unas virtuosas del lenguaje, menos malabaristas estructurales, y, en realidad, no creo que les interese serlo. Sin embargo, consiguen lo que pocos: transmitir mucho mientras cuentan una historia. Mi selección inicial la conformaban 17 autoras. Y solo he podido contar con 15. A esta antología le faltan autoras, pero no le sobra ninguna. Quise realizar un trabajo de arqueología literaria, ofrecerle al potencial lector una muestra de la narrativa peruana escrita por mujeres durante la década pasada y espero haberlo conseguido.

( Gabriel Ruiz Ortega, en una entrevista para Letra Capital )

Librería Perú se reunió con tres de las disidentes que reúne esta antología. Luego haber sido publicadas e incluso reconocidas en concursos importantes, su voz empieza a hacerse un espacio desde la periferia del canon hacia sus entrañas. Patricia Miró Quesada, Alina Gadea y Julie de Trazegnies nos comentan sobre por qué se sienten disidentes y qué motivos circundan su literatura.

De hecho, tampoco están muy de acuerdo con el acostumbrado –y algo anacrónico– concepto de la antología femenina. Quizá porque ser mujer y escribir como mujer no hace el mérito literario ni la fortaleza del discurso (pero trae sorpresas), o  porque la voz femenina no es monopolio de las chicas cuando de literatura se trata. En cierta forma, en un territorio literario como el nuestro –sudamericano, muy peruano a veces–, parecido al Club de Toby, es un paso importante para luego despegar como escritoras sin el mote femenino.

Históricamente la vena narradora entre las mujeres que se abocaban a escribir, era la otra cara de la luna: el rostro conocido era el poético, el que debía permanecer bajo un seudónimo masculino e imitar sus formas era la narrativa. Hoy por hoy, luego de varias décadas de disidencia,  ambas caras tienen brillo literario y femenino, incluso si pertenecen a la misma autora, como es el caso de Julia Wong.

Hacerse un espacio para expresar su perspectiva femme sobre el mundo  no ha sido fácil.  Conseguir que el mercado se interese en ello, tampoco.  Julie de  Trazegnies escribió tres libros de cuentos infantiles, antes de poder publicar con la voz que ella deseaba. Katya Adaui construyó su espacio desde el baúl de recuerdos y los lazos de la cotidianidad con el tánatos, cuando todavía redactaba notas para un noticiero televisivo. Bethsabé Huamán es más reconocida en el ámbito académico que por sus dos libros de cuentos. La lista de tapadas, no por la contención de su literatura sino por el eclipse involuntario del  propio sistema, podría continuar y cada escritora tendrá una crónica personal al respecto. Encontrarlas juntas es una buena muestra de resistencia, estilo, liberación  y coraje para desnudarse ante los lectores.

Algunas disidentes comentan:

Rossana Díaz, escritora y cineasta: “Esta es la oportunidad para que el lector se forme una opinión acerca de las narradoras que han publicado en esta última década. Soy de esas personas que disiden por naturaleza. Tal vez eso me llevó a leer, a viajar, a ver películas y a escribir, porque estas cuatro actividades son las que más te permiten ser partícipe de la fantasía y la libertad. Empecé a escribir cuando era adolescente. Antes de cumplir los treinta me había ganado algunos premios literarios que me permitieron sobrevivir en tierras lejanas, donde escribí los cuentos a los que les tengo más cariño. Tal vez desde el desarraigo se escribe mejor. En mi literatura hay una búsqueda del unicornio en la vida cotidiana, de ahí el rasgo fantástico de algunos cuentos. Y sobre todo, hay viajes. El viaje, el movimiento, la búsqueda, el cambio, son lo que ha definido mi vida”.

Bethsabé Huamán,  literata especializada en estudios de género: Me parece que las antologías dedicadas a mujeres son necesarias en el camino hacia la igualdad de oportunidades.  En un escenario futuro ideal, no habrá favoritismos basados en categorías extra estéticas. La disidencia en mi caso creo que se refiere a una propuesta política de incorporar en mis textos las diferencias de género, cómo son, cómo se sienten, padecen y cambian. Quizá por haber empezado por una forma muy seria de acercamiento a la literatura, en este momento en particular me interesa experimentar con el humor como una estilística que puede servir para la reflexión y la crítica”.

Yeniva Fernández, escritora:Una antología de este tipo es importante porque enfoca la luz sobre una literatura que se escribe en los márgenes de un canon dominado hombres. Pienso que cuando se habla de escritoras peruanas, los referentes siguen siendo Clorinda Matto y Mercedes Cabello, eso está bien; pero no puede ser que en más de un siglo no existan relevos visibles. En cuanto a sentirme disidente, pues creo que no hay nada más raro que ser un escritor peruano y encima mujer.Mis textos siempre están escritos desde la crítica, la burla o el intento de modificar la realidad a como me gustaría que fuera”.

Julia Wong, escritora y gestora cultural: “Creo que el género es otro logo del marketing actual, necesario y también siniestro. Confieso que me gustaría algún día estar en una antología más pluralista (si se puede llamar así) y salir del encajonamiento. Me da un poco de claustrofobia la categorización, pero sé que es amable para el lector. La escritura es lo único que me mantiene en el camino y sobre todo cuando te atreves a llevar a la acción la simbología de tus sueños e inconsciente.  El Perú es un país disidente por naturaleza, lleno de tiempos encontrados y desencontrados, cronologías imposibles juntas y dispersas. Quise que mi escritura fuera como un fino sable que corta las vendas de los ojos y trae otras imágenes, tan falsas o tiernas, pero que tengan una suerte de efecto curativo o de purga frente a un fuerte establisment colonial, católico o cristiano”.

Susanne Nolteniusempresaria y escritora: “Creo que hay muchas buenas escritoras en Perú y esta antología es una oportunidad de promocionarlas. Siempre me he sentido disidente, mis opiniones suelen ser distintas de las de la mayoría. Soy una de las pocas que cree en que las mujeres escribimos una literatura particular, distinta de la de los hombres. En la medida en que uno es auténtico, escribe como lo que es. Soy madre, mezcla de culturas, trabajadora del sector empresarial, escritora de oficio y no de formación. Mi ruta literaria es una respuesta de mi inconformidad frente al mundo. Es una salvación: una alternativa creativa frente a la opresión de la rutina y las obligaciones asfixiantes que el sistema nos impone”.

Katya Adaui, escritora y comunicadora: Es siempre una alegría poder participar con un relato en una antología, para compartir distintas miradas, voces, estructuras, argumentos, lenguajes, estilos. No dejo de preguntarme si las mujeres necesitamos ser “agrupadas” en una antología para ser leídas; si precisamos de ese “acto de justicia”. El esfuerzo mental que hacemos es el mismo. Somos escritores, como artesanos, la palabra es nuestra arcilla, y punto. Una sola antología sin ser divididos entre hombres y mujeres: esa mirada sí sería más abarcante, un reto y una exigencia para el editor y para el lector. De otro lado,  merecemos siquiera que se nos pague con ejemplares. Ese sí sería un acto de justicia. Sobre si me considero “disidente”, respondo enfrentándome al texto de la contratapa del libro donde se lee: “Estamos ante relatos que se alimentan de la gran literatura, de la escrita pensando en el lector”. Yo me separo de esa afirmación, puesto que escribo para mí. Si algo que escribo me conmueve, es probable que emocione después a otros. Escribo sobre lo que conozco o lo que me causa profunda curiosidad. Trato de hacerlo con el corazón y desde la emoción de estar viva o desde el testimonio; sobre lo cotidiano, sobre lo posible, aun cuando se trate de un relato que podría pertenecer al género fantástico. No uso trucos. Me dejo llevar por el impulso y por las ganas de contar un argumento, respetando aquello que los personajes me van dictando: sus personalidades o sus finales. Eso es lo que me apasiona. No espero escribir cada vez “mejor”, sino escribir cada vez con mayor honestidad. Para ello leo, leo y leo. Escribo, me edito, y reescribo. No me enamoro de mis palabras. Escucho música, tomo fotos, veo cine; me enfrento a mi ignorancia. Amo, deseo, y me entrego a la vida, a sus misterios, a sus pérdidas, con afán explorador; movilizador. Para ello, persisto.

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