La invención de Brian Selznick y la re-invención de Martin Scorsese

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La invención de Hugo Cabret (Brian Selznick) / Ediciones SM, 2007 / Páginas: 533 / Precio: 89 soles

ISBN: 9788467520446

Aquí podrás leer los tres primeros capítulos

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Las páginas como écran

La literatura y el cine son a veces ambas caras de una misma moneda, una buena historia narrada en claves distintas, pero no tan distintas. Si bien una novela puede lucir fílmica por su estructura y desarrollo, una adaptación al cine del mismo texto podría darle cierto brillo y éxito comercial a un buen libro, o eclipsarlo para la posteridad.

Ambos textos –productos–, tienen vida y lectoría propia, es decir, por separado. Cuánta licencia puede tomarse un cineasta para recrear, re interpretar o incluso mejorar aspectos de la novela en su película: las que crea necesarias, sin que ello implique una desfiguración total.

En ése punto entran en escena el tacto, la pericia, cuánto conoce su oficio y qué tan buen lector es un director de leyenda y guionista. Hugo es la última pieza maestra de Martin Scorsese y llega a las carteleras peruanas apenas unas semanas antes de los Premios Oscar de la Academia.  Si es una noche de aquellas, la película podría  ganar once estatuillas, entre ellas el premio a la mejor adaptación.

Magos, máquinas y cineastas:

Del otro lado de la misma moneda, con el sello de Ediciones SM llegó a las librerías de Lima hace apenas unas semanas La invención de Hugo Cabret (Brian Selznick), una novela gráfica que conjuga la estética de una película muda y las trampas de una novela juvenil: un texto intrigante, crudo y fantasioso. Esencia que sedujo a Scorsese e inspiró su última película, pero ésa es otra historia.

Selznick es un reconocido ilustrador norteamericano con una buena mano de virtudes: el don de narrar puntual y ser sugerente, utilizar la imagen y las palabras, es decir, ser ambidiestro para escribir.

La invención de Hugo Cabret es su segunda novela. Está compuesta por dos partes, una veintena de escenas breves, compactas, escritas y dibujadas. Cada una crea página tras página, la ilusión del movimiento: al leer sus dibujos hechos a carboncillo, visualizar los escenarios y las circunstancias que compone entre líneas, se produce aquella gran ilusión del cine y no estamos más ante un objeto inanimado, sino frente a un juguete óptico o un arcano proyector de cine que reproduce a gran velocidad fotogramas y cartelones, los que guardan  un especial cuidado en resaltar rasgos e indumentos clave de los personajes con planos detalle y una fascinación por rescatar el ánima de una ciudad embelesada con las máquinas de la  modernidad, la estación del tren, el tiempo y los relojes, como también una corriente onírica y hasta subversiva en los libros, el cine y la pintura.

La luz inunda la pantalla (o las páginas) y aparece el París de 1930,  donde las máquinas modernas y anuncian un progreso galopante; pero la posguerra y un pensamiento pragmático han relegado a la niñez y la fantasía a lugares incómodos, mal vistos, inapropiados.

En la estación de Montparnasse mora Hugo Cabret desde hace algunos meses.  Su tío lo adoptó como su aprendiz tras la muerte de su padre, pero ha desaparecido.

Hugo es ahora un huérfano, lo que para la época es aún peor que llevar la peste. Dejó la escuela por asistir a su tío  ahora  debe convertirse en su fantasma; vigilar que cada uno de los veintisiete relojes funcione perfectamente, recoger en secreto sus cheques aunque no sepa cobrarlos,  para no ir al orfanato; porque si falla y lo descubren, perdería su tesoro; una sofisticada máquina que luce como un humano ante un escritorio, aparentemente a punto de escribir.

Su padre, un audaz maestro en la cronometría y en el arte de reparar relojes, encontró el artefacto en un desván del museo local donde trabajaba y lo reconoció como las máquinas que usaban los magos para deslumbrar a su público. Estaba hecho de ruedas dentadas, manivelas y un centenar de piezas que no pudo terminar de reparar antes que un incendio le quitase la vida.

Para que el autómata vuelva a funcionar, Hugo sigue la libreta de notas de su padre y roba piezas mecánicas de los juguetes que vende un colérico viejo en la estación, que por alguna razón, encajan  perfectamente en el autómata.

La obsesión por reparar su reliquia lo acerará a develar junto con Isabelle –la sobrina del juguetero con quien encuentra algo más que una amistad, un ingenioso aliado– y Etienne –un amante del cine que introducirá a Hugo en el mundo del séptimo arte–, un misterio irresuelto: George Méliès, el mago y cineasta, no ha muerto.

Más similitudes que diferencias

 Mejor Película, Mejor Director, Mejor Guión Adaptado, Mejor Banda Sonora, son algunas denominaciones que calzan perfectamente con los mejores atributos del libro.

Están claras las actitudes de un buen director-escritor-ilustrador: el tacto, la pericia y cuán buen lector de cine es Brian Selznick, al dominar la gramática visual, darle vida y profundidad a un texto y adaptar su novela fílmica sobre la base de una investigación y una pregunta que quedó en el tintero.

En el epílogo, el autor señala que si bien ciertos personajes son ficción, la accidentada vida de los  autómatas no lo es. Selznick reconoce que la historia empezó a surgir en su mente  después de leer Edison’s Eve: A Magical History of the Quest for Mechanical Life, de Gaby Wood, texto que, en palabras del propio Selznick, contaba la verdadera historia de unos complejos autómatas a cuerda que fueron donados a un museo de Paris. Hasta ahí la historia que pudo investigar. Su adaptación empieza a partir de la siguiente pregunta: ¿Qué hubiese pasado si esos autómatas no se destruían? 

Quizá  una de las canciones que musicalice la novela de Brian Selznick es, además de  la pasión por las máquinas, una apuesta por el destino y misión de cada ser humano, como parte imprescindible de un gran sistema de engranajes, una gran máquina.  Pero hay más, el autómata (en esta historia, una metáfora de creador, de cineasta) es la pieza clave en el rejuvenecimiento de George Méliès y el de Hugo Cabret. Desde esquinas opuestas, ambos habitan el mismo lugar fáctico (una estación-celda) pero también el mismo lugar simbólico, la adultez de los que sobran y viven sin sueños o conquistas.

Es así que gracias al regreso de su autómata, G.M  viaja desde el confinamiento en el último –y anónimo– rincón de su vejez  hacia hasta su niñez más reciente, como mago, dibujante, apasionado de las máquinas y cineasta.

A Hugo Cabret, incrustado en una vida adulta que no comprende –trabajar y vivir absolutamente solo– lo único que lo entusiasma es reparar el autómata. Un actitud que mantiene aún encendida  la llama de la creatividad que su padre alimentó  en él,  a través de las películas de cada cumpleaños, los relatos de Julio Verne y por supuesto, las piezas mecánicas.

En síntesis, si bien las diferencias entre ambos textos (algunas caracterizaciones y añadidos) son sutiles pero bastante significativas, ambas piezas son dignas de merecer una noche de aquellas, con once estatuillas y  una intensa lectura que toque nuestras fibras.

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La invención de Hugo Cabret (Ediciones SM, 2007)

Con 284 páginas de ilustraciones originales y combinando elementos de los álbumes ilustrados, las novelas gráficas y el cine, Brian Selznick expande los límites del concepto de novela, creando una nueva experiencia lectora. La invención de Hugo Cabret (SM, 2007) está editada como si fuese una pantalla de cine. Para contar la historia, Brian Selznick juega con la combinación del blanco y el negro, y el conjunto que forman la introducción al libro, los textos, las ilustraciones y las fotografías (de películas como El viaje a la Luna y La llegada de un tren a la estación) está ideado de tal manera que da la sensación de que el lector esté dentro de una sala oscura, delante de una tela blanca, preparado para ver ante sus ojos la proyección de una de las primeras películas de la historia.

Lea más sobre el libro y las relaciones con la película Hugo, de Martin Scorsese aquí:  http://wp.me/p1jw0v-iC

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Lima imaginada

Lima imaginada

Javier Protzel

Fondo Editorial de la Universidad de Lima (Lima, 2011)

ISBN: 978-9972-45-254-3

Páginas: 446

Precio: 90 soles


¿Cuánto tiempo le tomaría a alguien dar una vuelta por Lima, recorrer sus espacios, épocas y micro realidades sociales?  Para el sociólogo e investigaodr Javier Protzely su equipo, tomó sustanciosas cuatrocientas cuarenta y seis páginas, servidas con buenas fotografías, estadística, sazón ensayística, recorridos históricos, coloquiales, artísticos y literarios con el infaltable condimento psicoanalítico  y urbanístico. Puede calcular las horas hombre si lo desea.

Lima imaginada (Protzel, 2011)  es un mapa invisible de nuestra ciudad. Un trazo simbólico de nuestras opiniones y latidos, hecho a partir de una gran encuesta aplicada por el  Gop (Grupo de opinión pública de la Universidad de Lima, hoy desarticulado) y profunda inmersión en algunas zonas de la ciudad, desde el Callao, los distritos tradicionales hasta Lima Norte, Sur y Este.

Con ello queda más que demostrado que aunque hayan pasado cuatrocientos setenta y siete años,  Lima no tiene edad sino edades, tiempos y alturas en acto y paroxismo. Es tan linda como horrible, segura o intransitable pero mucho de ello depende desde  dónde se le mire, a qué color se le asocie, por dónde se transite y cuánto tiempo decida uno quedarse.

Si asumimos a la ciudad como una creación simbólica y colectiva, vista desde distintas ópticas, es ése el patrimonio que no puede demolerse y es actualizado día a día. El proyecto Imaginarios Urbanos del filósofo colombiano Armando Silva, buscaba registrar aquel trazado inasible pero manifiesto, en las ciudades emblemáticas de hispanoamérica. Llegó al Perú, y en concreto a la ciudad de Lima.  La colección incluye a Bogotá, Santiago de Chile, Montevideo, Quito, Sau Paulo, Buenos Aires y Sevilla.

Lima es sin duda una criatura digna de un bestiario, que estuvo inédito hasta esta iniciativa: respira niebla y hedor, su piel de asfalto y arena arde en verano, agoniza durante todo el año y también celebra;  cálida en algunos territorios, ingrata en no pocas circunstancias, no inverna, crece inconmensurable e insosteniblemente, nos aglutina y divide.

Es –en una buena síntesis–, una ciudad tan real como imaginada: hecha y desdibujada con el contagioso afán por construir –hasta en donde no se debería–, asumida, vivida e interpretada por los limeños: ciudadanos, consumidores, ideástas criollos que en palabras del autor atraviesan por un proceso constante de reinvención mental que anda pisándole los talones a las transformaciones urbanísticas, algunas de ellas lamentables.

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Su firma digital es el primer paso. Apoye la gestión cultural responsable.

La carta abierta de Javier Arévalo al Ministro de Cultura es un justo y énergico reclamo de un viejo pero actual problema. Confiamos que este estruendo reververará en una revisión del Promolibro, la gesta de políticas publíticas eficaces para promover la lectura, un fértil aparato editorial.  La utopía comienza con un pequeño aleteo web, una campaña de firmas digitales a través del  portal Firmasonline. Siga el enlace y lo llevará a la carta, que no es sino una primera forma de encontrarnos, reunir esfuerzos y buscar soluciones.

Citamos el comentario de Chachi Sanseviero, hecho a propósito de la carta en mención:

La trayectoria de este señor difícilmente podría llevar el sello de promotor de la lectura sino el de empleado aplicado de todos los gobiernos que nada hicieron por fomentar la lectura en nuestro país.  Lamento que mi querido amigo, hoy Ministro de Cultura, Luis Peirano, haya sido tan mal informado por sus asesores. Antes se debió evaluar cuánto hizo el Sr. Yepes en estos 8 años por crear bibliotecas públicas en cada uno de los más de 1860 distritos en que se divide la costa, sierra y selva de nuestro entrañable país. Cegado por las luminarias de las grandes imprentas y casas editoras establecidas en el Perú, tampoco hizo nada por alentar a las decenas de pequeñas editoriales independientes que hoy publican heroicamente a nuestros jóvenes poetas y narradores que no tienen acceso a las grandes casas editoras.

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“O no conoce a el Quijote o no conoce a Yepes”: Carta abierta al Ministro de Cultura Luis Peirano.

Para terminar la primera semana del año, empieza a circular por medios digitales una carta del escritor Javier Arévalo dirigida al  ministro de la Cultura Luis Peirano.

Recordemos que Arévalo  fue  finalista en el  concurso Premio Integración y Solidaridad que organiza Rpp  el 2011. Reconocimiento que le fue otorgado  por sus emprendimientos  y actividades vinculados a la  promoción de la lectura a través del proyecto Recreo.

El escritor no entiende los elogios a la gestión  (o el ochenio) de Ernesto Yepes sobre Promolibro, porque no percibe logros notables, de hecho, apunta que tanta cortesía resulta un insulto para el  movimiento independiente por la promoción de la lectura.

No es el único que tiene severas críticas para dicha organización, pues si bien Promolibro es el único órgano nacional de fomento, difusión y marco legal que hay en el Perú, dista de ser eficiente. Ya  un movimiento de editores busca también la revisión de la misma ante el Congreso.

Carta abierta al Sr. Ministro de Cultura Luis Peirano

Ernesto Yepes y el desprecio por los ciudadanos y la lectura.

Lima 6 de enero de 2012

El reconocimiento público del Ministerio de Cultura a Ernesto Yepes, por la conducción de PromoLibro durante 8 años, es un insulto para todos aquellos que trabajamos en la promoción de la lectura desde lo privado, con financiamientos propios, con imaginación y creatividad, y que hemos hecho posible que la lectura prospere en nuestro país.

Ernesto Yepes, estimado Ministro de Cultura, ha sido el peor de los promotores de lectura que ha tenido este país pues convirtió al Consejo Nacional del Libro, que debía proponer políticas públicas y convocar a los agentes vivos del libro de este país, en una oficinita municipal de reparto de artefactos de triplay con 40 libros dentro.

Su labor ha consistido en cobrar su sueldo y hacerle creer a todo el mundo que distribuir esos espantosos triplays es la labor del Estado en la promoción de la lectura.

Que usted Ministro Peirano crea que esa es una labor quijotesca, pone en evidencia que, o no conoce a el Quijote o no conoce a Yepes. Por lo pronto, el hidalgo de la mancha no cobraba casi 15 mil soles mensuales para salir a los caminos a enderezar entuertos.

La permanencia de Ernesto Yepes en la conducción de PromoLibro pone en evidencia el interés que el Ministerio de Cultura tiene en este momento por siquiera enterarse de cuál es el problema del libro y la lectura hoy.

Una gran cantidad de representantes del sector libro tuvimos una reunión con la gerencia de industrias culturales que dirige el señor Christian Wiener. El papel cumplido por PromoLibro y de su Secretario Ernesto Yepes fue punto por punto criticado y se puso en evidencia su incompetencia y su fracaso. Ahora sentimos que hemos sido burlados.

Señor Ministro Peirano, quienes promovemos el libro y la lectura, los ciudadanos que generamos la riqueza y representamos la cultura de este país, no nos merecemos este insulto.

Javier Arévalo, escritor.

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Entrevista con Víctor Ruiz Velazco, ganador del premio José Watanabe Varas 2011 (Poesía).

Entre  las despedidas y cierres de Diciembre,  pasó casi de manera espectral el fallo del jurado del  Premio Nacional de Creación Literaria “José Watanabe Varas” 2011. La próxima semana se realizará la presentación formal  del premio, entre tanto, el escritor Víctor Ruíz Velazco , cuyo  libro de poemas Fantasmas esenciales  fuera elegido ganador entre 124 poemarios,  recoge algunas impresiones del concurso y del oficio poético.

Has dicho que en Fantasmas esenciales las voces femeninas que tu poesía evoca han dejado de estar en off. ¿Ellas son ahora las protagonistas? ¿Cuáles son los motivos que circundan a Fantasmas esenciales?

Una forma de leer mis anteriores libros es leerlos como un testimonio de pérdida de la amada y que en esa medida hasta ahora no había dejado que Ella contara su versión de los hechos. En muchos sentidos mis libros han sido siempre una búsqueda de esa patria, de ese paraíso perdido. En cuanto a prestarle voz a la Mujer, no creo tener esa autoridad, ni pretenderla. Tampoco desvirtúo lo femenino, o mejor dicho, la lectura que tenemos (culturalmente, socialmente) de lo femenino: no hay travestismo en Fantasmas esenciales, no hablo por una colectividad que podamos asociar con el género femenino. No creo en eso. Lo que se esperaría como logro máximo sería no jugar a que uno es, sino ser: Interpretar. Vaciarte para ser el contenedor de otra intensidad, de otra energía (utilizo estos términos en referencia a Deleuze y Guattari ya que, de hecho, todo el discurso sobre el «Cuerpo sin órganos» que ellos desarrollan ha sido mi principal motivación intelectual para construir este poemario). Concibo la poesía también como una disposición de elementos dramáticos que pretenden retratar las grandes pasiones del ser humano. Esa es mi herencia moderna, poundiana y eliotiana, sobre todo.

Entre tus personajes destaca aquella voz en el poema Retrato de una dama
El personaje principal que habla en el poema «Retrato de una dama», es una construcción llevada a cabo con recuerdos personales, biografía de célebres mujeres como Gertrude Stein y más precisamente George Sand; también pensé en Blanca Varela. En el mejor de los casos, es un personaje en un sentido dramático del término y la construcción es la misma que efectúa un actor, es la misma preparación y dedicación en la que intervienen el actor, el director, el director de elenco, etc.

¿Qué te deja este quinto poemario?

Siempre he tenido un mapa mental de cada libro en el que me he aventurado, de alguna manera siempre he seguido esquemas filosóficos o psicoanalíticos. Puedo decir que lo que he decidido publicar siempre ha sido una respuesta a una motivación intelectual antes que de un estado de ánimo. Para quien tiene una noción o un sentido de obra todo siempre aportará al camino que se viene trazando; es imposible, creo, ver el camino en su totalidad, eso está claro, pero hay ciertos elementos que nos guían, que nos hacen saber que avanzamos. Como cuando escalamos una montaña: solo al llegar a la cima contemplamos la totalidad de ese «camino» que hemos atravesado paso a paso; y sin embargo era previsible trazar una ruta, ¿no? Ahora, ¿por qué sería inteligible esta ruta a través de varios libros? Porque creamos una sensibilidad particular que nos hace escoger lecturas, música, películas, (de todo tipo), experiencias, etc., sobre una infinita gama de  posibilidades, y casi siempre esas referencias estarán interconectadas. Nosotros desarrollamos nuestra propia genealogía estética, por eso habrá una pre-ruta trazada siempre.  Encontrar una voz, nos decían al comienzo, cuando empezábamos a escribir. Nunca terminé de entender esa expresión, pero creo que eso es importante. Encontrar un estilo y llevarlo al dogma, no creo en eso. No para mí. Tampoco creo que esté mal, en absoluto, solo que mi espíritu prefiere sentirse incómodo tratando de dominar  una nueva forma expresiva. Nunca me he sentido demasiado cómodo con una única forma de expresión. Siempre he querido escribir desde donde ya no sabía.

¿Cómo interpretas el haber llegado a una versión orgánica y ganadora de Fantasmas esenciales?

En relación al libro ganador del concurso. El primer poema de Fantasmas esenciales llegó cuando menos me lo esperaba, realmente fue una aparición, como diría Óscar Hahn. Un día, muy tarde, quise ver la hora y no pude porque las sombras de las hojas de las palmeras de la calle tapaban el reloj. Yo pensé: «La rama cubre el reloj, pero el tiempo pasa». En mi interiorización del hecho cambié la palmera, la sombra de la hoja de la palmera por una rama, ya no pertenecía eso al mundo de la experiencia… y así empecé a escribir el primer poema de la serie que constituye Fantasmas esenciales. Es decir que un poema le dio el tono al conjunto. Escribí la primera versión del libro en algo más de cuatro meses (2008). Me demoré tres años en corregir los poemas y en ese tiempo apareció un poema más de cuatro estancias llamado «Ágape» (finales de 2010). Cuando tuve el libro finalmente listo, listo es un decir, se lo pasé a algunos amigos y ellos me hicieron algunas sugerencias, siempre valiosas. Les hice caso y dejé el libro descansando. El 10 de noviembre Paul Guillén me comenta sobre el Premio Watanabe, yo, que vivo a una cuadra del Peruano Japonés, no sabía nada. Al día siguiente cerraba la convocatoria. Imprimí el libro y mi hermano lo llevó, creo que lo entregó faltando 10 minutos para la hora límite. Sinceramente no esperaba ganar, pero los premios son como una lotería. Sabes que nunca ganarás, pero igual compras un boleto, porque: ¿qué tal si sí?

¿Es José Watanabe uno de tus santos poetas de cabecera? ¿Qué es lo que más te atrae de su poesía?

Watanabe es un poeta ineludible para alguien que ha leído la tradición poética peruana. Tuve la suerte de conocerlo y de visitarlo en varias ocasiones en su casa. Él siempre fue muy generoso, un poeta a tiempo completo. Si hay un libro suyo sobre el cual siempre vuelvo, este sin duda es Cosas del cuerpo, me parece una obra maestra. Creo que lo que hizo Watanabe fue demostrar que cualquier asunto del hombre, de la vida en general, era poetizable, pues el poema siempre ha de ser una traducción del hecho poético, de la verdadera poesía que se escribe en el mundo: desde la sonrisa de un niño hasta la forma en que un haz de luz entra por la ventana de una casa para mostrarnos una mujer preciosa. El poema siempre será ese intento, perdido de saque, por recuperar algo de eso intangible y sin embargo inmarcesible: de aquello innominable. Es un honor para mí haber podido obtener este premio que lleva su nombre y que el jurado compuesto por Marco Martos, Hildebrando Pérez y Camilo Fernández Cozman, hayan encontrado valioso mi libro.

 El mes de marzo, en especial los idus son un motivo recurrente ¿Cómo esa vieja tradición romana empieza a calzar contigo hasta hacerse un emblema y darle nombre a un poemario?

En mis primeros libros tengo la intención de mostrar lo que creo que es importante no perder, entre otras cosas, y esto se traduce en: «Lo que tengo que decir no es lo importante, lo importante está en Dante, en Arnaut Daniel, en Rilke, en Rimbaud, en Kavafis, en Mallarme, en Artaud, en Vallejo, etc». Yo organizo un discurso en base a textos de otros, básicamente hago un montaje, un trabajo de edición; sobre todo en Délibáb, enemigo del viento. Me interesa decir: «Por aquí hay algo importante. Sería bueno que alguien lo continúe». Por eso las alusiones librescas, míticas, las citas frecuentes.  El tema de los Idus de Marzo según recuerdo tiene que ver expresamente con el poema homónimo de Kavafis, aquel que empezaba:
«Teme, alma, las grandezas, y si no puedes doblegar tus ambiciones, al menos persíguelas con cautela, recelosamente, y, a medida que avances, vuélvete precavida, conócete».
Yo escribo para conocerme. Y claro, ese es un trabajo de toda una vida.

¿Cómo consigue espacio y tiempo para la poesía un editor y literato a tiempo completo?

Un amigo me decía: «No dejamos a la poesía, ella decide cuando nos toma». Creo que eso es cierto. Qué puedo decir, ya tuve catorce, dieciocho, veintidós y veintiséis años. Me he pasado muchas noches enteras, más de las que puedo recordar, leyendo y escribiendo a pesar de no saber qué decir a ciencia cierta. Eso ayuda, creo, a desarrollar una disciplina siempre. En el peor de los casos te ayuda a desarrollar un oficio en el sentido más inmediato del término. Como escritor, trabajo con las palabras. Debes dominarlas, son tu instrumento y tu materia de trabajo, como lo es la arcilla y el mármol para el escultor; los acordes y notas para el músico. Entre los dieciocho y veintiséis (tal vez me di un par de años más) tienes todo el tiempo del mundo para leer y escribir. Aprovecha esos años en que todo el mundo considera «que aún eres joven y que en algunos años esa locura de ser escritor se te quitará». Aprovecha ese chance si crees que es lo tuyo.

Aprovechaste tu juventud…

Cuando era muy joven sentía que si no escribía un poema por día me moría. Estaba peleando con la palabra, quería gobernarla. El oficio se desarrolla en el propio ejercicio de ese oficio. Solo debes dar la vuelta cuando estés demasiado seguro de ello. Entonces entiendes que no solo se trata de oficio. Entiendes que la aprehensión está de más. Dejas que todo se vaya decantando y comprendes que escribes más intensamente en esos prolongados momentos de silencio, precisamente cuando no coges el lapicero o la computadora. Aprendes a respetar la palabra. No la quieres violentar. No quieres ir contra ella.
Entre los dieciocho y los veintiséis hay que aprender esto, porque después no tendremos cuándo. A los veintisiete, quizás un par de años antes, la vida empieza a llenarte de responsabilidades, nuestros padres empiezan a «cansarse de tener un hijo medio poeta, a quien no se le ha pasado aún ese afán loco». La vida y las responsabilidades empiezan a ganarnos. Por eso siempre voy a estar seguro de que si no leía a Stendhal, Víctor Hugo y a Proust a los dieciocho años no podría leerlos ahora. Todo se vuelve más rápido e inmediato. Si no desarrollaste tu oficio en los años previos, no hay manera de que todo calce en un tranquilo y bien delineado orden. El trabajo previo es lo que te da ese bienestar. Esa tranquilidad.

Lustra editores, la editorial independiente que tienes a tu cargo, también edita poesía ¿Crees que la poesía sea la anti materia del mercado editorial?

Espero que no. Sería bueno que en algún momento participe del circuito, al menos lo suficiente como para ayudar a que aparezcan más libros de poesía y no se destruya todo en ese improbable encuentro. La poesía siempre se abre paso por sí misma, de mano en mano. Esa es siempre la mejor manera, el mejor camino.

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Agendas-libro / Agendas-galería 2012

Agenda Crayón 2012. Teaser

De las solapas y los autoretratos a las agendas

La novísima editorial Madriguera ofrece en su catálogo agendas-libro para ver, usar, pasear y darle un giro especial a la crónica personal con una bitácora-mascota. El 2012 develarán otros proyectos gráficos y de literatura.

Silvia María Gonzales dirige un equipo de ingeniosos creadores gráficos como Dany Salvatierra y otros cómplices como José Vera Visagel y Angelo Agüero, con los que desde hace seis años (cuando formaban parte de la editorial Estruendomudo) compone y produce la Agenda Crayón, como también otras bitácoras temáticas encargas por la PUCP, sobre algunos escritores leyenda como Luis Hernández, Martín Adán, César Vallejo y  Mario Vargas Llosa.

El propósito de estas ediciones  era vincular al escritor o artista con el público,  de una forma lúdica y funcional, a través de una variada colección de motivos artísticos para recibir el mes y frases para rumiar cada día.

En la misma linea

Es así que la agenda deja de ser un registro frío de las cosas y vira hacia una suerte de galería o anecdotario portátil, una colorida crónica personal.

Con una propuesta sobria pero rica en aspectos gráficos, espaciosa y práctica, la editorial Madriguera propone un acercamiento íntimo e intimista con los escritores leyenda a través de una evocación permanente,  mientras los fanáticos o lectores (o ambos) planean su día, en una agenda.

Tener una dosis de MVLL o Vallejo, día a día,  puede resultar motivador y hasta indispensable para algunos.  Descubra a Marito a través de una frase, detalles de su vida, fotografías, fechas clave  e incluso fragmentos de las obras del escritor Nobel y noble,  al mismo tiempo que corre el año 2012.

Con la venta de las agendas (49 soles en Librerías) se busca colaborar con el proyecto de Atención integral a niños, niñas y adolescentes del Cusco, que fueron víctimas de violencia familiar y sexual; impulsado por la Asociación Wayra – Jesuitas del Perú.

Una galería de bolsillo

En el caso de la Agenda Crayón, espiralada  desde los anillos que la sostienen hasta su diseño indi y práctico para llevar la crónica personal de un año bastante particular: tomando una de las frases célebres (y bizarras) al pie de cada día, y  gustándola en nuestra cabeza como un digestivo emocional para la rutina; evocando efemérides bastante curiosas y  dando un vistazo rápido al trabajo de algunos exponentes nacionales de la pintura, fotografía e ilustración.

Este año, por ejemplo, Enero inicia con Aguas dulces,  la reproducción de una pintura al óleo de Pablo Patrucco, motivada por la acogida e incluso folclórica concurrencia a la playa Agua Dulce. Los casilleros para los días 31 y primero nos dicen que en la noche vieja nació Anthony Hopkins y que la mañana siguiente puede ser el inicio del fin, además del día dedicado a San Telémaco, un mártir de los bravos.

La agenda crayón también se vende en librerías a un precio de 49 soles y en el local de la editorial, al lado del Café La Maquina,  a un costo de 35 soles. Previo contacto al correo agendacrayon@gmail.com

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¿En qué momento el Perú fue “literariamente” tan celebrado, Zavalita?

Exhalamos  lo último que nos queda de aire en este 2011.  Le puede resultar enrarecido o delicioso.  Siempre es así de polarizado cuando se trata del Perú en la no ficción.

Además de ser tristemente célebre y jubiloso con el centenario del saqueo a Machu Picchu, los conflictos sociales, novelas policiales en vivo y otras desventuras, ésa luna tan larga tuvo sin duda un lado brillante y en definitiva mejores aires.

La literatura peruana tuvo más que un cuarto de hora de esplendor: estuvo en los ojos del mundo y en los ojos nacionales.

Dos de nuestros escritores cumbre fueron celebrados y digamos que anduvieron de gira. A través de la evocación, homenajes y publicaciones de antología habitaron entre nosotros José María Arguedas en su cumpleaños número cien (aunque la cuenta fuera  interrumpida hace varios décadas, por su propia bala) y Mario Vargas Llosa como Premio Nobel de Literatura y flamante  Marqués; en mérito a  su carrera literaria y la tenas cartográfica político-social que consiguió a pulso.

Dos homenajes perdidos y hallados

Cuadernos Hispanoamericanos nº730. Abri 2011. Literatura de hoy en Perú

La revista editada por la AECID, Cuadernos Hispanoamericanos, destacó  que en el Perú y en concreto en Lima, se fundaron la primera universidad y la primerísima  imprenta de América. Dato que Benjamín Prado, poeta y narrador que dirige la publicación, asocia a la prolífica gesta de escritores célebres, universales. Algunos elevados a leyendas populares y que incluso dieron nombre a un equipo de fútbol o rostro a un billete.

En el mes de Abril, Cuadernos Hispanoamericanos dedicó un especial  de ficción y ensayo para esbozar un paneo rápido sobre lo actual en la literarua peruana.Colaboraron con entregas inéditas Antoncio Cisneros, Jorge Eduardo Benavides, Gustavo Faverón entre otras figuras conocidas y los recambios generacionales en la selección nacional.

Entre los jóvenes  escritores  figura Erick Benites Rentería, con su primera novela. Llenos de rabia tiene la estética, los nudos, agilidad e ingenio del guión de una mini serie muy bien escrita.

Sus personajes son anti héroes por naturaleza,  de principios caprichosos y moral de circunstancia.  Esbozan orgullo, miseria y las marcas de esa esencia extinta en toda familia disfuncional, el afecto.

De regreso a la cancha local, la revista Un vicio absurdo publica una edición tributo a algún narrador o poeta nacional de amplia trayectoria, desde hace siete años.

Para no detener la tradición, el tributo fue doble: los números seis y siete contienen bastos homenajes a esos grandes zorros de la literatura peruana: Arguedas y Vargas Llosa, respectivamente.  Vistos desde sus libros y fuera de ellos, desde la cotidianidad, aficiones y lugares inéditos en su historia

La ventisca de aire bueno no se acaba. El 2012, además de traer el suspenso agónico de un final ineludible (distinto al de las películas),  es el año de César Vallejo: el cumpleaños ciento veinte de nuestro poeta  universal  y hombre de letras vitalista, militante y existencial.

Guarde un poco de aire 2011 aún. ¿Cómo se llamará el año que nos sigue? ¿Qué nombre le pondrá el estado peruano al 2012? De seguro no será algo relativo a  Trilce o Poemas humanos ni mucho menos al sonado verso  hay, hermanos, muchísimo que hacer, pero qué bien le quedaría.

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El saqueo de Machu Picchu

El saqueo de Machu Picchu

Carlos Villanes Cairo

Ediciones SM (Lima, 2011)

ISBN: 978-612-4090-45-5

Páginas: 196

Precio: 32 soles

El saqueo de Machu Picchu. Carlos Villanes Cairo

El año 2011 estuvo dedicado al descubrimiento norteamericano (y difusión mundial) de una ciudadela inca instalada en la montaña vieja o Machu Picchu, en Cuzco, hace cien años.

Por el centenario, el diálogo tomó la fuerza de la coyuntura y  el 2011 fue también célebre por las dos devoluciones hechas a regañadientes por la Universidad de Yale; quien había conservado sin licencia  diversas piezas y osamentas que fueron llevadas por la expedición protagonista para ser estudiadas.

Quizá la hazaña arqueológica fue un robo con falso entusiasmo científico, no lo sabremos con exactitud pero los peruanos aplauden ambas hazañas.

Sin embargo hay quienes dudan de las versiones oficiales. Uno de ellos es el escritor, filólogo y educador Carlos Villanes Cairo (Junín) quien ha tejido una versión novelada de la historia inédita, narrando desde el lado incómodo y la perspectiva aborigen de este supuesto hallazgo. Nuestro habitual colaborador, José Gabriel Ortega Palacios, ha escrito al respecto.

Cuando Hiram Bingham llegó al puerto de Hawái para pasar unos pocos días con su padre, antes de enrumbarse en la aventura de su vida, el descubrimiento de la legendaria ciudad perdida de Vilcabamba, nunca imaginó que el asesino del tío Frank viaja con él y que finalmente lograría su cometido al robarle el mapa que lo llevaría a descubrir la gran ciudad Inca.

El tío Frank conoció a su asesino. Lo vio llegar en el último barco mientras esperaba a Hiram. De primera impresión supo que nada bueno podía esperarse de un sujeto tan furtivo. Luego lo vería hurgando entre las maletas del joven Hiram pero sería demasiado tarde. Ya estaba muerto.

Mientras Hiram Bingham enfrentaba estas oscuras dificultades antes de emprender su aventura, muy cerca de la ciudadela escondida, el abuelo Simón –un sabio chaman–, Sebastián y Paloma –dos jóvenes enamorados–, conocían a la bruja Imicha y descubrían por ella, que la ciudad perdida enfrentaría un destino deshonroso y torcido.

Carlos Villanes Cairo nos cuenta dos historias que transitan una en pos de la otra, que pretenden conocerse pero apenas se tocan. Y sin embargo forman parte de una ficción que persuade más que la realidad que conocemos. La fuerza que ocupa su núcleo se fundamenta, no en un descubrimiento, sino en una invasión, en un asalto.

La ficción nos muestra la realidad que la mayoría evita imaginar, aquella usurpada por los intereses y la mentira. Una farsa que lleva un siglo supurando y que vestida de descubrimiento encubre un despojo violento y vicioso. Sin embargo, la fuerza de la mentira-descubrimiento, vela la mirada de un país a tal extremo que son sus habitantes los que pretenden honrar el latrocinio en lugar de ofenderse y señalarlo como un acto horrendo.

La novela de Villanes nos subleva, nos brinda una visión más cercana a la realidad y nos inspira o nos impulsa a indignarnos, a hurgar más allá de la ficción de la verdadera historia o la historia escondida del saqueo de la ciudadela perdida, Machu Picchu.

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Las medallas del General

Las medallas del General

Mauricio de la Cuba

Ilustrado por: Wilder Pallarco

Ediciones SM (Lima, 2011)

Finalista del premio El barco de vapor 2010

ISBN: 978-612-4090-21-9

Páginas: 101

Precio: 28 soles

Las medallas del General. Mauricio de la Cuba

Mauricio de la Cuba (Arequipa, 1964), economista y audaz narrador,  nos ofrece con Las medallas del General una fina y chispeante colección de cuentos breves o escenas, pensados para un publico infantil -pero sin excluir a los lectores mayores- donde hilvana símbolos y situaciones dentro y fuera del cuartel,  para componer una divertida sátira de lo pragmática y obtusa que puede resultar a veces la carrera militar.

Una historia acerca del falso heroísmo y la verdadera cara de las guerras, en la que no se oyen cañones sino una buena música de fondo: lo difícil pero gratificante que resulta quitarse un gran peso de encima y respirar con tranquilidad, cuando uno decide ser  honesto y consecuente con sus actos. 

El  General  ha acumulado trece medallas. El tintineo sobre su pecho es inconfundible para sus subordinados. Lleno de orgullo e investidura, busca la aprobación de su madre en un retrato, imaginando lo orgullosa que sentiría al  saber cuán  reconocido es  por su valor en las batallas.

Pero la historia que sólo el Generalísimo conoce, dista mucho de ser heroica;  es más bien  accidentada y torpe. Tropiezo tras tropiezo, sin disparar un solo tiro e incluso huyendo del enemigo, las circunstancias siempre lo enmarcan como héroe de guerra.

Para su mala suerte, el país ha sostenido por varios años la paz en las fronteras del norte, sur, este y oeste.  Le es más difícil conseguir medallas sin conflictos. Algo aburrido y viejo, al General se le ocurre ordenar unos ejercicios especiales, a primera hora. Nadie sabe exactamente qué es lo que ha ordenado, pero todos en el cuartel quieren lucir eficientes.  Muy eficientes.

Desde el comandante hasta el sargento, deciden empezar un poquito antes. Entonces,  para la media noche y no a las seis, la tropa y los oficiales esperaban al Generalísimo, completamente armados y listos para los ejercicios especiales. 

Al ver la formación el General no supo qué pensar. Confundido y aterrorizado, imagina que es un amotinamiento y huye de su propio cuartel. Aquel naufragio lo llevaría a refugiarse en un olvidado destacamento del norte, donde sería recibido como todo un personaje pero las ganas de tener la décimo cuarta medalla le jugarían en contra.

La estima de sus oficiales y los soldados se transformaría en decepción y sospecha. Mucha sospecha. Sobrevivir al fraude que lo colocó como héroe nacional (con la decimo cuarta medalla en su uniforme) resultaría ser su primera batalla: un combate  cuerpo a cuerpo contra su propio ego, la impostura  y mitomanía acumuladas durante muchos años ¿Quién es más fuerte?

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